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Alimentación en la adolescencia

En el diario de la consulta nutricional y del rol propio he podido evidenciar en nuestra cultura que muchos padres no están conscientes de que los cambios fisiológicos como son la madurez sexual, funcional, psicológico y los cambios corporales que se evidencia en el joven vienen acompañados de un aumento voraz del apetito y ciertos padres de manera incomprensible los cuestionan por el hecho de que sus hijos no sacian el hambre con lo ofrecido en la comida de casa.

Observar que cada dos o tres horas el joven están realizando ingesta de alimentos extras les  genera inclusive molestias a algunos padres, este comportamiento observado es propio de la edad, donde las demandas están sujetas a las necesidades que el cuerpo les está exigiendo, por tal razón se hace necesario primeramente crear conciencia que nuestro pequeño está creciendo y debemos garantizar sus necesidades nutricionales de acuerdo a la tasa de crecimiento que este presentando y más aún si el joven realiza algún tipo de actividad física.

Existe un comportamiento común en una gran proporción de los jóvenes y es que al adquirir cierta independencia de sus padres la conducta alimentaria es direccionada por el mismo joven, según sus gustos y preferencia, algunos aprendidos en casa, otros marcados por el grupo de amigos y otros por los mensajes que se reciben de la industria a través de los medios de comunicación.

Es común ver que omiten el desayuno según ellos mismos expresan porque no están habituados a desayunar temprano desde la época de prescolar, otros porque sus horarios de sueño están mal conducidos al tener, como costumbre, estar despiertos hasta altas horas de la noche y refieren no despertar temprano para desayunar, es notorio ver hábitos erráticos como el ideal de delgadez excesiva para las jóvenes o en el otro extremo una total despreocupación por los hábitos saludables, el consumo de comida chatarra, dulces, gaseosas, alcohol, drogas y no actividad física.

Cabe resaltar que un grupo menor muestra cierta preocupación por llevar una alimentación sana y saludable, practica aprendida y afianzados en el mismo grupo familiar.

Los textos reportan que la etapa de la adolescencia es un período de crecimiento acelerado con un aumento importante de la talla y de la masa corporal determinados según el sexo, se anotan cambios en el organismo variando las proporciones de los tejidos.

En ocasiones  se torna difícil para algunos padres manejar los cambios que  acompañan esta etapa, debido a que aquí es donde el joven adquiere o afianza gustos y aversiones alimentarias, por ello ayudar a que el adolescente adopte unos hábitos alimentarios adecuados y vigilar que no sufra ningún trastorno nutricional es vital para conducirlo hacia una vida saludable basada en los buenos hábitos, el autocuidado evitando al tiempo en un futuro la aparición temprana de las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles.

¿Cuándo aparece y culmina el aumento de las necesidades energéticas?

Este aumento súbito en el apetito sucede hacia los 10 años en niñas y 12 en niños, no tiene un límite cronológico preciso, por lo regular el aumento del apetito comienza a disminuir una vez que el niño deja de crecer, aunque no es así en todos los casos, en la adolescencia evidenciamos un aumento, tanto de la talla como de la masa corporal de este modo se adquiere el 40-50% del peso definitivo, el 20% de la talla adulta y hasta el 50% de la masa esquelética.

Recomendaciones prácticas

Los objetivos nutricionales están dirigidos a conseguir un crecimiento adecuado, evitar los déficits de nutrientes y consolidar hábitos que permitan prevenir La aparición temprana de las enfermedades crónicas. El reparto calórico debe realizarse evitando omitir comidas, al igual que las copiosas, se sugiere un régimen de cuatro comidas donde se debe incluir de manera práctica algo como un buen desayuno, almuerzo moderado, una merienda pequeña y cena pequeña, evitando el consumo de productos industrializados.

Proteínas

Los requerimientos de proteínas se establecen en función de mantener la masa muscular y obtener un crecimiento adecuado.

Las proteínas deben aportar entre un 10% a 15% de las calorías de la dieta y contener suficiente cantidad de las de alto valor biológico (proteína animal, deben evitar el consumo de la grasa visible de las carnes y el exceso de embutidos, práctica muy común y desmedida en estos tiempos donde para ellos es de gran placer consumir en su dieta las conocidas comidas rápidas, se recomienda aumentar la ingesta de pescados ricos en grasa poliinsaturada y limitar los embutidos a dos veces por semana y el huevo a 3 veces por semana para no sobrepasar las recomendaciones del colesterol.

Grasas

Las recomendaciones de grasa son similares a las de otras edades y su objetivo es la prevención de la enfermedad cardiovascular. El aporte de energía procedente de las grasas debe ser del 30-35% del total diario, con una distribución donde el aporte de grasas saturadas menos del 10%, mono insaturado el 10-20% y poliinsaturados, el 7-10%. Y colesterol será inferior a 300 mg/día

Se debe potenciar el consumo del aceite de oliva y los productos industriales elaborados con grasas saturada se deben restringir.

Hidratos de carbono

Deben de representar entre el 55% y el 60% del aporte calórico total, preferentemente en forma de hidratos de carbono complejos (tubérculos, plátanos, cereales enteros, e integrales) que constituyen también una importante fuente de fibra. Los hidratos de carbono simples (harinas refinadas, azúcares y dulces) no deben de constituir más del 10-12 % de la ingesta.

Vitaminas y Minerales: Las están basados en la RDA (ración dietética recomendada, para la que existen datos científicamente comprobados) a AI (ingesta adecuada), que se utiliza cuando los datos existentes no son tan evidentes. Además, dada la posibilidad de que una ingesta excesiva ocasione efectos secundarios, se ha marcado un máximo nivel de ingreso tolerable para las vitaminas A, D, E, C, B6, niacina y folato.

A manera de conclusión puedo decir que la dieta de nuestros jóvenes no está basada en un patrón de alimentación adecuado, debido al escaso consumo de las proteínas de alto valor biológico, de las legumbres, frutas y verduras por esto se hacen necesarias estrategias sanitarias para modificar los malos hábitos alimentarios adquiridos desde la infancia.

Por: Dalila Valencia, Nutricionista y Dietista.