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Maestros, el orgullo de ser ‘constructores’ de vidas: La experiencia de María José Herrera

Por Blanca Berrío Montiel

Montería. No hay nada que contagie más que escuchar hablar a un maestro con pasión, pues con sus palabras denota la dedicación y la entrega que tiene a la profesión docente, que no reemplaza, como muchos creen, si no que ayuda a fortalecer los cimientos que en casa se deben iniciar.

Una de esas maestras que pasan por la vida de sus estudiantes y dejan huella es María José Herrera, quien tiene más de 14 años de experiencia y relata, hoy en el Día del Maestro, aspectos claves que han marcado su vida y sobre todo su profesión.

Majo, como le dicen con cariño, asegura que lo más significativo de ser maestro es «ver la evolución de los estudiantes a lo largo de los procesos académicos, verlos crecer como persona y realizarse en la vida, es un motivo de orgullo».

Reconoce también que ser maestro es vocación y solo aquellos que la sienten serán capaces de transmitir conocimientos verdaderamente importante a los estudiantes. El orgullo por lo que hace contagia.

Sostiene que lo más chévere de ser maestra es que es una profesión en la que «recibes lo que das y en la que tienes que comprometerte con la sociedad para crear a los mejores profesionales del mundo. El amor y el cariño de los estudiantes es algo maravilloso, en ocasiones pueda que uno llegue triste al aula, pero siempre hay un estudiante que te cambia de ánimo con una ocurrencia, con una sonrisa y eso es hermoso».

Cuenta que lo más difícil es que en el mundo actual ser médico, abogado o ingeniero es más valorado que ser maestro, su voz se entristece un poco, y afirma que esto pasa «a pesar de saber que sin un maestro no hubiésemos llegado a ser nada de lo anterior. Somos más los que estamos intentando dar lo mejor en las aulas y en la virtualidad, que los que no se comprometen a ello».

Y es que muchos, como ella, tienen que cargar con reclamos sociales o señalamientos endilgados a quiénes, por descuido, pereza o falta de compromiso, han creado ‘mala fama’ en el gremio y con sus comportamientos han contribuido a ‘señalar’ a esta profesión.

«Falta sentir el agradecimiento de la sociedad por la labor docente. Me duele escuchar expresiones como: ‘los docentes son flojos’, ‘trabajan medio tiempo’, ‘se ganan el dinero fácil’, quien realmente realiza con amor su trabajo docente sabe que es todo lo contrario», sostuvo con firmeza.

Y tiene razón, pues más allá de la jornada laboral que se ve, presencial o en pantallas están horas previas de preparación, como ella explica: «las jornadas son desgastantes, la preparación de la clase requiere esfuerzo y tiempo para saber cómo vas a lograr que los estudiantes realicen las conexiones necesarias para alcanzar el aprendizaje. El pensar cómo lograr que entiendan una temática y que puedas lograr que construyan conocimiento a partir de lo que tú les indiques».

También sostuvo que su familia fue parte esencial en la toma de la decisión de estudiar la docencia, aunque guardaba para sí otra carrera apasionante. «Otra pasión que comparto es la Comunicación Social, me llamaba mucho la atención, pero pensando en la decisión y la condición económica de mi familia me inspiró a entender que podría fusionar esas pasiones en una sola: la docencia. Entendí que, para ser un gran maestro, debía saber comunicarme, saber interactuar, contar y relatar experiencias, investigar. No lo pensé más y encontré que siendo docente podía realizar de manera completa el sueño profesional para mi vida», afirmó.

Desde su experiencia sabe que más allá de impartir un conocimiento es fundamental el contacto humano, sobre todo en el nuevo escenario que se vive a causa del Covid-19.

«La nueva normalidad nos ha exigido, como maestros, reinventarnos para poder seguir construyendo conocimiento en los estudiantes. Si bien es cierto que ha sido difícil por las múltiples condiciones que giran en torno a este proceso, con esfuerzo en todas las partes: padres de familia, estudiantes y docentes se puede lograr una sincronía, incluso en medio de la pandemia», dijo.

Sin embargo, reconoce que, de parte de los docentes, les queda la ardua y exigente tarea de multiplicar el amor por lo que se hace, debido a que se encuentran con familias de todo tipo.

«Encontramos a las que trabajan y no están en casa para acompañar el proceso de manera sincrónica, otras que no tienen conexión y otras que enfrentan dificultades de salud que también afecta todo este proceso. Toca hacer magia y hacer sentir que, a pesar de todo, estamos allí para apoyarlos. Gracias a Dios estamos en tiempos en los que podemos sentir cerca al otro a través de una video llamada, llamada, una imagen o un mensaje al WhatsApp y eso son los canales que debemos aprovechar al máximo», afirmó.

Majo guarda en su memoria infinidades de anécdotas, pero para ella es gratificante, ante todo, el hecho de encontrarse hoy con profesionales que pasaron por su aula de clases, que la reconozcan aún y con cariño la saluden en la calle o un centro comercial, eso a ella le llena el corazón de una felicidad inexplicable.

«Es satisfactorio ver que por mi cátedra pasó un estudiante que le está aportando a la sociedad sus conocimientos en el campo que escogió», asegura con orgullo.

Ese mismo orgullo que ratifica, cada día, por la profesión, por la vocación de ser maestra y de darlo todo por sus estudiantes aun cuando para la sociedad han perdido un poco de prestigio por el no compromiso de unos pocos.

«Ser maestro es construir mejores vidas dentro de una sociedad que tanto lo necesita y eso me anima a darlo todo a crear el mejor escenario, ahora en pandemia, para lograr construir conocimiento en mis estudiantes y encender en ellos la llamita del aprendizaje», sostiene finalmente con la alegría que la caracteriza, con el cariño que entrega y el amor que proyecta.


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