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Análisis de la llamada ‘limpieza social’

A propósito de una reciente ejecución de escarnio público hacía unos viciosos de Oveja-Sucre, y de lo que algunos grupos armados ilegales llaman como “reprensión inducida traduciendo estos actos como una lección y una limpieza social gratuita en favor de la comunidad” es que se funda esta columna, y es que a raíz de actos ilícitos es que se activan  grupos como las Farc quienes lo justifican alegando que se trata de una forma de exhortar al ciudadano irrespetuoso de las reglas y la moral de convivencia.

Algunos de los actos ilícitos objeto de reprensión son por ejemplo como cuando se reprende a un drogadicto que expende y consume drogas en un parque público o el vagabundo que ronda por las calles a altas horas de la noche buscando a quien fletear, o el vicioso que se la pasa hurtando celulares y otros objetos de valor a los ciudadanos despistados o desprevenidos que andan circulando a pie o incluso cuando van en el metro.

Todas estas acciones de injusticia son el motor o detonante que impulsa a grupos armados a tomar represalias por su propia mano cuando la policía no puede hacer nada, ya sea por falta de autoridades policivas en determinado barrio o por el desconocimiento de que ciertas personas del bajo mundo rondan especificado sector residencial. Aquí en esta columna explicare mi posición frente a los casos de limpieza social o como lo conocen estos grupos: justicia inducida. (a las buenas o a las malas).

Empezaré por conceptualizar la llamada limpieza social, la cual resulta no ser otra cosa que la acción de erradicar a sujetos civiles considerados por la mayoría como indeseables, es decir que no representan nada productivo para un conjunto social, sino que, al contrario, corrompen y son terrible mala influencia para los conciudadanos y por lo tanto no merecen gozar del privilegio de rondar por determinada zona, aunque ello signifique arrebatarles a los desafortunados gamines el derecho a la vida.

Generalmente con la muerte es con que terminan castigando al indeseable vicioso o atracador. La cuestión es que quienes ostentan ejercer como autoridades policivas sustitutas y arbitrarias, lo hacen alegando que actúan como vigilantes, pretendiendo  por tanto reemplazar a las autoridades policiales establecidas por las normas constitucionales y legales, actuando sin mandado legal como un grupo social de lado de la ciudadanía de bien que aparentemente vela por la seguridad de los ciudadanos eliminando sin piedad a quienes generan malestar o corrompiendo en la sociedad a través de sus conductas reprochables.

Con respecto a lo anterior, debo decir que quienes terminan asesinando a un malandro drogadicto, como castigo por su mala vida, terminan cometiendo una conducta punible peor que la del vicio. El homicidio es el peor de los delitos para mi concepto, ya que se viola el más sagrado de los derechos: el de la vida humana. Venga de quien provenga, a nadie le corresponda arrebatar la vida de otro ser humano. Nada lo justifica y quien lo hace justificando su ideología en el bien común de las mayorías es porque tiene pensamientos tiránicos.

La historia nos ha demostrado que muchos nobles, militares, reyes, emperadores faraones, han utilizado la filosofía del bien común como excusa para asesinar personas.  Como  claro ejemplo de la desquicia a la que lleva el poder incontrolado tenemos los siguientes personajes: Caligula, emperador de roma, quien mandaba a asesinar a todo aquel que interrumpía la actuación de su amante favorito y enviaba a las personas en público a ser devoradas por los leones; el tirano Falaris que disfrutaba asar a sus enemigos dentro de un toro de bronce lleno de fuego conocido como el toro de Falaris;  Nerón quien sin fundamentos sólidos ordenó cientos de ejecuciones incluidas las de su propia madre y hermanastro. ¿Pero por qué? Una de las razones es por el poder absoluto de quien gobierna, también por la falta de contacto con la realidad cotidiana o la combinación de la justicia divina con la justicia terrenal hacen que la idea de una o unas personas con poder o creyéndose con poder puedan tergiversar los objetivos con los que se fundaron.

Aún en la actualidad vemos las tergiversaciones de estos grupos armados y todo el daño que pueden llegar a ser. No obstante, ellos creen erradamente que le hacen un bien a la sociedad. En este punto afirmo y reafirmo lo siguiente: así como lo describen como una violencia mal nombrada en el libro expedido por el Centro Nacional de memoria histórica, es así como se puede definir la famosa limpieza social, ya que no se genera aplausos ni alegría al cometer estos actos de violencia contra personas incivilizadas o inadaptadas a la sociedad. Para eso existen campañas gubernamentales y no gubernamentales, servicios sociales de fundaciones amigables, centros de rehabilitación integral, las líneas de atención de la Policía Metropolitana y demás herramientas legales y sensatas que permiten hacer frente a los vándalos que causan perturbación a una comunidad con sus acciones ilícitas sin que esto implique vulnerar su derecho a la vida.

Debo precisar que no descarto el hecho de reprender con el uso de la fuerza a malandrines que sean atrapados en flagrancia, pero sin que ello amerita despojarle de su derecho a la vida. Una cosa es lograr capturar a un delincuente y otra cosa distinta es rebajarse a su nivel de incivilización agrediéndole al punto de dejarle medio muerto. 

Con relación a lo que hace las Farc, cuyas acciones a ellos les parece de aplaudir, debo manifestar que en lo personal me parece algo primitivo querer imponer ideologías y querer vivir en una parte donde un grupo de radicales pretenden imponer su visión del mundo a otras personas a la fuerza como si no estuviésemos en una democracia o las leyes estuviesen suspendidas. No nos encontramos en la edad media como para imponerle a otros nuestras creencias e ideologías radicales sobre el uso de la ley del talio o el popular “ojo por ojo”. Tenemos el libre albedrio de optar por nuestras creencias siempre que al aplicar dichas creencias no afecten estas al ordenamiento jurídico ni al derecho ajeno, porque de ser así se estarían convirtiendo en tiránicas las mentadas actuaciones, carentes del respeto por los derechos del prójimo.

Obviamente todo el mundo sabe que juzgar y castigar a otras personas como gamines, viciosos y demás personas consideradas indeseables, sin derecho a la defensa (que es el conducto regular ateniéndonos a las reglas del debido proceso) se prestaría esto para múltiples abusos de poder y una anarquía en el que las leyes expedidas por los órganos legislativos no tendrían ningún valor o importancia ya que la “justicia” se tomaría por las propias manos, omitiendo el deber que por ley le corresponde  a la policía Nacional y demás órganos de control.

Claramente hay muchas cosas que deben cambiar en este país y las personas de bien queremos cosas buenas para nuestra sociedad, pero con violencia no vamos a lograr los resultados que queremos. La mal llamada justicia o limpieza social para lo único que sirve es para generar, infundir terror en las personas, aparte de que crea odios y contiendas entre bandas, y como consecuencia a esto se propagan los asesinatos en donde mueren inocentes también.  Hay otros mecanismos para opacar la criminalidad del delincuente común y para restituir la tranquilidad en un entorno sin necesidad de llegar a extremismos.

Por último, dejo esta popular frase de Ralf Waldo como reflexión: “la paz no puede lograrse a través de la violencia, solo puede lograrse mediante la comprensión”.

Jesús Fernández, abogado.

Jesús Fernández