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Colombia elimina a Uruguay y se cita con Argentina en la final de la Copa América

Allá va Colombia, Argentina. Allá va y no la para nadie, está motivada. Es una Colombia guerrera que no tiene complejos, que con su fútbol alegre, mezcla de talento y coraje, clasificó a la final de la Copa América, dejando en un camino de espinas a la aguerrida Uruguay, con un solitario e infinito 1-0. Allá va Colombia y es una tromba, tiene una camiseta tan grande en la que cabe todo un país, todos empujando para que el sueño de ser campeones ocurra ahora, ya, el domingo. Argentina espera y esta Colombia valiente va por ella.

Colombia vivió una batalla épica, dejó el alma y todas sus fuerzas en la cancha para superar a Uruguay en un partido de taches y canilleras, de fútbol y corazón, de lágrimas y sudor, de drama y festejo. Colombia libró la más dura de sus batallas para meterse en la final.  Se sabía que no iba a ser un partido cómodo, y no lo fue. Desde que rodó la pelota los jugadores de Colombia miraron a los ojos a esos rivales a los que iban a vencer con hazaña.

Un primer remate de Jhon Arias fue para calentar la pólvora. Un cabezazo de Muñoz fue para ganar confianza. Colombia crecía con su orden, pero al primer descuido sufrió la furia de Darwin Núñez, que aprovechó el despiste de Cuesta y metió un remate que solo el viento, con algo de suerte y uno que otro rezo, hizo que la pelota acariciara el palo. Los defensas de Colombia se miraron y respiraron hondo, uff, no había pasado nada, pero minutos después Núñez pateó otra vez, y luego una vez más, y lo que empezó como susto ya era una alarma.

Pasó media hora y Colombia parecía aplacada, no era esa Colombia envalentonada de otros juegos, era un equipo calculador, que esperaba el momento justo para agredir. Entonces James dio el paso al frente, ¿cómo estás, pierna?, le preguntó a su zurda que andaba muy cómoda, y la pierna le respondió con un centro al área donde Jhon Córdoba alzó el vuelo y en un movimiento de torbellino mandó la pelota cerca, tanto que un grito tímido de gol sonó en las tribunas.

En medio del fragor del medio campo, donde había fuego cruzado, empezaron los golpes brutales, patadas a Ríos, a Mojica; los uruguayos pegaban y pegaban duro, aunque el primero en caer fue de ellos, Bentancur, que se fue lesionado.

Lerma, el héroe por los cielos

Hasta que llegó el minuto 39 para dicha colombiana. Un tiro de esquina, esa arma que el equipo ha dominado con astucia. James, que ya le había ordenado a su zurda que empezara a componer, tiró el centro, la pelota recién volaba y él ya estaba alistando el abrazo, el balón fue como un sol radiante que encegueció a los uruguayos que no lo vieron caer ni vieron como Lerma llegaba como a escondidas y voló para cabecear no solo con la cabeza sino con el corazón, e hizo que ese sol se apagara en la red. Luego Lerma escondió sus alas y fue al festejo. 1-0 y Colombia estaba un pasito más cerca de la final.

Uruguay quedó como un boxeador aturdido. Ríos casi hace el segundo, se llevó las manos en la cabeza con la misma velocidad con la que el arquero se arrojó al pasto y evitó el segundo. Colombia pudo haber hecho más daño, pero entonces vino el drama: ¿Muñoz, qué hiciste? El lateral ya tenía la bendita amarilla y se dejó provocar, le tiró un codazo a Ugarte y roja, ¡afuera!

Colombia, pura valentía

El segundo tiempo iba a ser el infierno. Lorenzo sacó a Jhon Arias y metió a Santiago, para que ocupara el lugar de Muñoz. Uruguay empezó a atacar y en Colombia se contaron en la cancha y se dieron cuenta que no eran 10, sino que eran millones, era todo un país luchando con ellos para aguantar con espadas y escudos y trincheras la furia uruguaya, que intentó romper las murallas que puso Colombia.

El partido era tierra de combate, el siguiente en caer fue Ríos, lesionado. James protestó y se ganó una amarilla, eran instantes de tensión. Colombia puso dos trancas con Uribe y Castaño, pero el ataque uruguayo no cesaba. Al minuto 70 hubo un silencio atronador cuando Suárez lanzó un disparo al palo. Luego Valverde tiró un misil cercano. Colombia agotaba sus fuerzas, aguantaba con el corazón en la boca, rogándole al reloj para que corriera más que ellos. Y aunque las piernas no daban más, Colombia aún tuvo dos opciones con Castaño y Uribe.

Hasta que el reloj paró en seco y esos 10 guerreros que parecían millones y que dejaron el alma en cada choque, sacaron sus últimas fuerzas para celebrar con un llanto mezclado con sudor que Colombia está nuevamente en la final de la Copa América, como en el 2001, hace tanto tiempo. Argentina, allá van estos valientes, y créanlo, no van heridos.

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