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Pandemia incrementaría trastornos de conducta alimentaria en adolescentes y jóvenes colombianos

Redacción. A los trastornos de salud mental, agravados por la pandemia de Covid-19, se suma la posibilidad de que, en un mediano plazo, se incrementen los casos relacionados con trastornos de conducta alimentaria (TCA), «hemos visto que el estrés, la ansiedad y la depresión que ha traído consigo la emergencia sanitaria por el coronavirus, ha venido afectando considerablemente a aquellas personas con algún TCA; los síntomas se agravan, reaparecen, o han surgido, por primera vez, en pacientes vulnerables por distintos factores», asegura Johana Galvis, nutricionista de Corvesalud, prestador de Medimás EPS.

Precisamente, en un documento publicado por ‘Equilibrio’, organización especializada en el diagnóstico y tratamiento integral de este tipo de alteraciones, se hace alusión a las repercusiones negativas generadas por los confinamientos.

«La situación que estamos afrontando parece haber incrementado notoriamente las preocupaciones por la apariencia física, los hábitos de alimentación, el peso corporal, las dietas y el ejercicio que adquieren proporciones obsesivas especialmente en aquellas personas que previamente habían tenido preocupaciones con su imagen corporal, más que en aquellas que no. Y a esto, se suma el tiempo en el uso de redes sociales y sus efectos en el auto-concepto y la auto-estima especialmente en adolescentes», subraya el texto.

Lo anterior coincide con el aumento en el número de consultas garantizadas por Medimás EPS, en medio de la pandemia, para los servicios de atención con nutricionista y por psicología, mayoritariamente en la población adolescente y joven.

¿Cómo está Colombia en Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA)?

De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia (2010), referenciado en la publicación hecha por la organización Equilibrio, se destacó que el 36 % de los adolescentes colombianos que estaban en estado de delgadez, teniendo en cuenta el Índice de Masa Corporal (IMC), no se percibían como tal sino que por el contrario creían estar en sobrepeso.

Así mismo, reflejó dicha encuesta que el 2.9 % estaba tratando de perder peso comiendo menos grasas, harinas o dulces o realizando ayunos de 24 horas o más. Por otro lado,  el 9.2% de los jóvenes buscaron evitar ganar peso, lo cual constituye un comportamiento de riesgo para anorexia y otros desordenes alimentarios. En el total de encuestados, el 6.7% reportó realizar alguna conducta de riesgo para TCA, como ayunos auto-impuestos (2.8 %); consumir algún medicamento o producto para adelgazar (4.3 %) y vomitar o laxarse (0.7 %).

Los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Mental (2015), realizada cinco años más tarde, no distan de lo mencionado anteriormente. Según la encuesta, el 9.3 % de los adolescentes, así como también el 9.1 % de los jóvenes, reportaron algún comportamiento de riesgo con respecto a los trastornos de tipo alimenticio.

Llamó la atención que con respecto a los síntomas de tipo bulímico, en Colombia el 6,8% de los adolescentes varones manifiestan hacer atracones de comida, versus el 5,4 % de las adolescentes mujeres; hallazgos que encienden las alarmas dada la asociación existente entre atracones de alimentación con sobrepeso y obesidad.

«Estamos viendo jóvenes de 18 años con unos niveles elevados de triglicéridos, por la mala alimentación, por la ingesta excesiva de comidas altas en grasas y ultraprocesadas en estos meses de confinamiento, lo que lleva a que estén más expuestos a la diabetes, la hipertensión, enfermedades cardiovasculares, cáncer, entre otras patologías», menciona la nutricionista Johana Galvis, de Medimás EPS.

La explicación de la Dra. Galvis tiene relación alguna con el hecho de que, por pasar más tiempo en casa, junto con el contexto de incertidumbre y ansiedad, se propicia que los adolescentes y jóvenes tengan actitudes desenfrenadas por comer y, en el peor de los casos, inducen el vomito como conducta compensatoria para evitar la ganancia de peso.

Por otro lado, expertos estiman que podría aumentar el número de personas con riesgo de padecer anorexia, enfermedad caracterizada por un rechazo sistemático de los alimentos, debido a la voluntad de querer estar más cerca del imaginario de belleza, y los estándares estéticos, perpetrados en las redes sociales.

«Ahora mismo que los adolescentes y jóvenes están más conectados con las pantallas, surge la obsesión por querer estar más parecido a los cuerpos perfectos que ven en sus teléfonos celulares. De ahí surge la anorexia, un trastorno que inicialmente es de origen neurótico», explica la Dra. Galvis.

El documento expuesto por la organización Equilibrio complementa lo mencionado por la nutricionista de Medimás EPS, al señalar el efecto significativo que ha tenido la virtualidad, especialmente en el relacionamiento ahora por medio de las videollamadas.

Menciona que «la cámara de video está encendida por periodos largos y su presencia parece haber las aumentado las preocupaciones por la apariencia física, en la medida en que las personas se sienten expuestas a ser vistas por los demás y expuestas a su propia imagen en la pantalla, por horas y horas continuas, como si se tratara de otro espejo», por consiguiente, existen las probabilidades de que, especialmente la población femenina, acuda a distintos mecanismos para lucir con delgadez.

Consultas por nutrición, en medio de la pandemia por Covid-19

Durante el último año, Medimás EPS ha garantizado un poco más de 66 mil consultas por nutrición y dietética; atendiendo, principalmente en el caso de la población adolescente y joven, los riesgos asociados a un TCA.

Entre tanto, además de procurar por mantener una buena salud mental, «se recomienda mantener una alimentación completa, equilibrada, suficiente, adecuada, inocua y de calidad. Una alimentación que contenga todos los nutrientes necesarios para que nuestro organismo funcione correctamente», sugiere Galvis.

Así mismo, la nutricionista de Medimás EPS alerta a los padres de familia para que presten atención a algunas señales que podrían determinar un posible trastorno de conducta alimentaria en adolescentes y jóvenes.

Los síntomas pueden ser: piel seca, caída del pelo, estreñimiento, ritmo cardíaco y presión arterial bajos, piel y manos frías, disminución de masa muscular, irritabilidad, depresión, falta de concentración y retraimiento social, entre otros. Los atracones pueden llevar a ganancia de peso, irregularidades menstruales, crecimiento de las glándulas salivales, letargia, ansiedad, depresión y culpa.


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