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Ceinesar, la cuna de la lengua zenú que está oculta por el abandono estatal

Escuchar a un adolescente de 15 años entonar el Himno Nacional en lengua zenú en estos tiempos de acaparamiento virtual es un espectáculo digno de admirar que llega a conmover porque denota que dicho dialecto ancestral no ha desaparecido del todo como a veces, con miedo, se cree.

Pero sí hay que decir que se mantiene oculto entre el verde de las parcelas que integran al corregimiento de Escobar Arriba, en la zona rural de Sampués, una de las pocas comunidades que todavía le da valor a la lengua. En ella está enclavado un plantel educativo donde las costumbres ancestrales se mantienen vivas contra viento y marea a pesar de que la infraestructura, que bien puede ser confundida con un pueblo por los caneyes que abundan en ella, ha sufrido los embates del paso del tiempo y la falta de mantenimiento.

Es el Centro Educativo Indígena Escobar Arriba, Ceinesar, el escenario donde la protagonista es la lengua zenú, la cual se mantiene firme ante la villana que es la modernización. Este pertenece al cabildo indígena La Pista, del resguardo Chinchelejo.

Etnoeducación

Raúl Velilla Aldana es el director. Explicó que en el centro educativo se llevan a cabo procesos de integración comunitaria que vinculan a niños, jóvenes y adultos entorno a la etnoeducación que a la vez tiene componentes de cultura, agricultura y habla tanto oral como escrita.

“Acá se educa al niño para la vida, no se educa para servir, sino en sí para la vida. Todos no tienen la facilidad para salir de aquí hacia una universidad entonces acá se le educa con lo de ellos, fortaleciendo lo nuestro, lo autóctono. Ese es el proceso etnoeducativo, que tiene construcción colectiva del saber. Por ejemplo, cálculos es matemáticas, madre tierra es naturales y madre tierra 2 es sociales”, expresó el docente.

En Ceinesar hay 6 docentes, una de ellas comunitaria que está a la espera del nombramiento oficial, quienes son los encargados de guiar a los más de 80 estudiantes y los grupos de bachillerato acelerado por ciclos. Por donde se mire hay tablillas con los nombres de los árboles tanto en español como en zenú. En una pared está grafitado con colores vivos cheeogchogeepii, lo cual traduce a ‘bienvenidos’. Ese es más que un saludo, trasciende a un caluroso abrazo con el que visita se siente como en casa.

Métodos usados

La mencionada propuesta educativa ha sido reconocida a nivel nacional por su innovación y constancia, calificativos que suman a un simple día de clases porque se inmiscuye en las calles, casas y patios del poblado de calles destapadas. Muchos habitantes también les dictan charlas a los estudiantes, incluyendo los abuelos, quienes les imparten sobre cultivos y el entorno indígena.

“Los métodos empiezan con pequeños diálogos y palabras tanto en zenú como español e integramos también inglés. Muchos miembros de la comunidad dicen ‘buenos días’ y los corregimos con la expresión zenú porque estamos educando y culturizando que hay que hablar nuestra lengua”, aseguró. 

Ese es el primer paso para que la lengua no se pierda. Y es que todo tiene que empezar desde adentro, de las entrañas de esa tierra caracterizada netamente como indígena, donde aún el cepo tiene valor como castigo y el territorio ancestral se respeta porque es sagrado.

En todo este sendero la comunidad educativa ha contado con el apoyo de Yulis Castro, jefa de núcleo, y Alberto González Gaviria, quien fue maestro en el centro educativo. El objetivo va encaminado hacia la construcción de la cartilla zenú, entre otras cosas, entrelazadas con el acervo educativo que legaron nuestros antepasados.

Urge inversión

Pero más allá de los logros que han conquistado con esta tarea, hay inconvenientes que obstaculizan los procesos que desarrollan, pero no los detienen. Uno de esos es la deficiente planta física del centro educativo a la cual le urge inversión estatal para que la educación se impulse y mejore.

“El poco sentido de pertenencia de las autoridades hace que todo se dañe. Desde hace 5 años la escuela se ha ido deteriorando, sobre todo por la desidia de los políticos porque nosotros con uñas y dientes hemos defendido la institución. La única dotación de sillas que recibimos fue hace 20 años atrás y se mantienen por el cuidado que les damos o sino no las tuviéramos. Algunos daños en los techos como los huecos han sido hecho intencionalmente por algunas personas que están contra lo que aquí se hace”, contó. 

Lo que les falta

Entre las necesidades que apremian están que deben cambiarse los tableros, adecuar las casas con el mejoramiento de la palma, recibir y tener mejores sillas y un servicio óptimo de agua potable permanente porque les llega cada 8 días y las clases son diarias. Igualmente necesitan una mejor instalación eléctrica, mejor conexión a internet y la adecuación de la batería sanitaria.

Como quien dice en este centro educativo indígena hace falta de todo y están trabajando con las uñas, relegados a sufrir por las circunstancias y de lo que con sus propias gestiones puedan conseguir. Pero aun así tienen muchas cosas interesantes que mostrar, las cuales hablan por sí solas.

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