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Leandro, la historia que reafirma

Por Elvis A. Guerra H.

Se estreno hace poco la historia de Leandro Díaz, el magnífico compositor y uno de los últimos juglares de la música, hijo de María Ignacia Díaz y de Abel Duarte como padre adoptivo, Compuso su primera canción a la edad de 17 años y la llamó “La loba de ceniza”. El 4 de octubre de 1948 decidió trasladarse a Hato Nuevo, donde participó en numerosas fiestas y siempre se le pidió que cantara. Hecho que para quienes vivimos en la costa es normal y casi que obligatorio.

Pero no quiero extenderme tanto en contar la historia misma del magnífico Leandro, sino en el componente cultural que tiene la historia hoy puesta en escena; todo esto en el entendido que la cultura constituye una dimensión fundamental del proceso de desarrollo de todos y cada uno de los territorios del país.

La reafirmación cultural no es más que la apropiación de todos y cada uno de nuestros valores , individuales pero que sumados identifican un territorio. Ello incluye como hablamos, como vestimos, qué comemos, qué bailamos, qué bebemos, forma de expresión corporal y un sinnúmero de detalles que no hacen más que revelar de qué estamos hechos, y todas estas características están inmensamente expuestas en lo que a todas luces viene a convertirse no en un bionovela sino en un documento de altísimo valor cultural; más allá del rating que se pueda alcanzar es mostrarle al mundo la identidad de un territorio como La Guajira para hablar en términos generales y es eso lo que lo convierte en algo sin precio pero sí con un valor incalculable.

Un elenco de actores que dada la naturaleza en la interpretación de sus personajes denota que no hay demasiado esfuerzo, porque aunque no todos son de la zona de la historia la gran mayoría son costeños, es un acierto del canal, desde los tiempos de Escalona no veíamos tanta naturalidad en los segmentos de cantos vallenatos y ni hablar de los paisajes, que son así exactamente como los describió el gran Gabriel García Márquez, cuando habla del realismo mágico, la historia basada en la vida de Leandro sin duda sirve como memoria histórica a las nuevas generaciones y que hoy un gran porcentaje desconoce  no solo su propia identidad sino aquellos que hoy construyeron la historia de los pueblos a través de los cantos y ellos producto de la desbordada información sonora que nos invade sin control. Que este documento sirva para que empecemos a repensar las rutas culturales y baluartes de cada territorio; es de admirar los logros que se han podido conseguir a través de contar historias vallenatas, pareciera mentira pero los demás países toman como referente prosa, versos, estilos, instrumentación y sonoridad de una música que rompe con estereotipos internacionales en el entendido de que no se escribe en pentagrama como la europea, nace del alma y de allí va directo a los corazones.

“Yo no le puedo negar que he sufrido de tristeza. Hace muchos años me pregunté: ‘¿Para qué me tiene Dios aquí en la tierra si no puedo ver?’ Pues para componer. Y si Dios no me puso ojos en la cara fue porque se demoró lo suficiente colocándolos dentro de mí. Desde entonces, todo lo que describo en mis canciones lo veo así: con los ojos del alma”, declaró el compositor guajiro a la revista ‘Festival de la Leyenda Vallenata’ en una oportunidad.

Y a pesar de todo ello, hoy nos tiene pegados a creer que todo es posible aun cuando las cosas parezcan imposibles, que es otro de los memorables mensajes de este gran documento. Sin duda Leandro es la historia que vino a reafirmar todo aquello que somos.

 

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