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A Soad Louis, en su viaje

Te fuiste al infinito
como Remedios la Bella,
envuelta en sábanas blancas
con haz de luz inefable
pero que yo adivino tibio,
vivificante y renovador.

Liberaste tu cuerpo del dolor
y entraste en un estado
donde ya nada importa
pero donde todo es amor.

Letras, canto y sentimientos
de eficiencia y humildad
fueron siempre tu consigna
que nunca se olvidará
y recalcarán para siempre
la gran persona que eras.

Por algo siempre encarnaste
el sabio y cierto refrán:
«Quédate donde se canta
pues la mala gente no hace
ni poemas ni canciones».

Acá, los que te conocimos,
no sabemos qué hacer sin tí.
Nuestra última conversación
quedó pendiente de un café
y mil confidencias de todo.

Hoy lo tomaré en tu nombre
con el amargo que trasmina
por mucho dulzor que tenga
pues duele tu viaje eterno
y tu pocillo vacío.

Jorge Otero Martínez