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De blasfemias impensadas… Comparación de Uribe con el señor de Señores

Bastante inaudito es el simple hecho de que miles de seguidores exalten al expresidente Uribe y lo veneren como si fuera un individuo perfecto e infalible, aun a pesar del destape público de todas sus investigaciones penales y especulaciones sobre su mal proceder en las políticas públicas.

No siendo esto óbice para desmeritarle en toda su trayectoria como líder político, pero tampoco es razón sustentable como para afirmar que todo lo que ha gestionado lo ha hecho con absoluta virtud impecable o intachable.

Peor que inaudito es comparar a este señor con el señor Jesucristo, quien para los creyentes fieles a determinada religión concuerdan en que nunca ha habido ni habrá un ser en la tierra que se le equipara a su nivel de perfección y consagración celestial, por lo que comparar a un ser mortal (que ha cometido muchos errores como todo ser terrenal) con esta figura celestial, única e irrepetible, sería una total desfachatez y hasta una blasfemia contra los preceptos celestiales según fuentes sacerdotales.

Lo anterior, con ocasión a la gran polémica que ha causado un trino en la red social de twitter que realizó la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quien comparó el odio que ha recibido el expresidente Álvaro Uribe con Jesucristo, en el que, en palabras textuales, publicó lo siguiente: “Presidente Uribe, la ingratitud es connatural a los seres humanos. Lo hemos visto siempre y en el caso de Jesucristo vimos que recogió odio, pese a que hizo tanto bien a la humanidad”, plasmó la mandataria en la popular red social.

Claramente, la mandataria, con su incoherente comentario le está rindiendo pleitesía y honores celestes al expresidente Uribe al compararle con la deidad del señor Jesucristo, lo cual es completamente absurdo, desde el punto de vista ético y antirreligioso, por cuanto para los preceptos cristianos, no se debe idolatrar a ningún ser viviente en esta tierra sin importar que tan aparentemente honorable o recta sea su conducta para con los demás.

Esto no opaca el hecho de que se admire y respete a una persona por sus talentos, comportamientos amistosos, genialidad, invenciones, capacidades y demás virtudes altruistas o filántropas que le hagan un bien o que fortalezcan la sociedad que le rodea, pero hasta allí. No es necesario exaltar o rendirle velas de adoración  a nadie como si se tratara de un ser superior o un DIOS.

Por lo que, en palabras más, palabras menos, Uribe nunca debería, por  principios religiosos y de sentido común, ser comparado con el señor Jesucristo así como ninguna otra persona en la tierra. Uribe no está ni estará a la altura de tan sobrenatural y perfecta figura celestial.

En síntesis, la mandataria Marta Lucía, debería por decencia y sano juicio, retratarse y disculparse de su trino tan descabellado e incoherente en el que lo único que ha logrado es despertar, el ya acumulado, odio de cientos de colombianos que han arremetido contra ella en las redes sociales, especialmente en twitter, ya que su pésima analogía solo ha causado dudas respecto a su Fe en la moral cristiana y respecto a su razonamiento lógico al publicar algo tan arrogantemente atrevido, sin hacer la observancia pertinente de las consecuencias que esa publicación acarrearía.


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