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La ansiedad

La ansiedad, según la OMS, es «un mecanismo de anticipación que comprende las reacciones que tienen los seres humanos ante una desgracia, daños futuros, o ante la amenaza de un resultado negativo o incierto”; por tanto, las personas que sufren ansiedad experimentan “un sentimiento de aprehensión o de miedo, una preocupación incontrolable y excesiva sobre gran cantidad de acontecimientos o actividades (como el rendimiento laboral o escolar), que suele prolongarse por más de seis meses».

La web de Osakidetza del País Vasco dice lo siguiente: “La ansiedad no es una enfermedad, sino una sensación normal que experimentamos todos alguna vez en momentos de peligro o preocupación. De esta forma, la ansiedad es un mecanismo adaptativo que nos sirve para mejorar nuestra actuación en momentos difíciles”. Pese a que la ansiedad contenga entre sus síntomas el nerviosismo y la impaciencia, ni estar nervioso ni sentir impaciencia son indicativo de padecer ansiedad. ¿A qué niveles es preocupante y cómo puede detectarse? Según la OMS, entre los síntomas más comunes están la irritabilidad, la inquietud o impaciencia, la dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco, la fácil fatigabilidad, la tensión muscular, la dificultad para conciliar o mantener el sueño o la sensación de cansancio al despertar. Si señales como ésta son muy intensas y se dan de forma continuada, es ahí cuando se puede dar una alarma, pues pueden ir a más y desembocar en graves problemas de salud mental y física.

Los síntomas y los desencadenantes de los diferentes tipos de ansiedad varían, pero todos interfieren con las actividades diarias. Veamos más de cerca cinco trastornos de ansiedad comunes: 

Trastorno de ansiedad generalizada 

Las personas con trastorno de ansiedad generalizada sienten una ansiedad o una preocupación excesiva la mayoría de los días por al menos seis meses consecutivos. Pueden sentirse inquietas, nerviosas o cansarse fácilmente. También pueden tener problemas para concentrarse, irritabilidad, tensión muscular o dificultad para dormir. 

Trastorno de pánico 

Causa ataques de pánico, es decir, sentimientos repentinos de terror aun cuando no hay ningún peligro real. Los síntomas físicos incluyen latidos rápidos del corazón, dolor de pecho o estómago y dificultad para respirar. También puede sentir debilidad o mareos, sudor, escalofríos o entumecimiento de las manos. La persona puede creer que está teniendo un ataque al corazón. El trastorno de pánico es más común en las mujeres que en los hombres. 

Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) 

Causa obsesiones o compulsiones frecuentes y perturbadoras. Provoca un impulso abrumador de repetir ciertas conductas. Las obsesiones comunes incluyen miedo a la suciedad o a los gérmenes, miedo de lastimarse o querer arreglar las cosas de cierta manera. La persona se suele aferrar a estas obsesiones y puede tener pensamientos y rituales que interfieren con la vida diaria. Por ejemplo, si teme que su casa sea robada, tal vez cierre la puerta con llave repetidamente y tenga miedo de salir. El trastorno obsesivo-compulsivo suele ser hereditario. 

Fobias 

Una fobia es una aversión o un miedo intenso a situaciones u objetos específicos. Este temor es exagerado respecto del peligro de la situación o el objeto. Las personas con fobias sienten una preocupación irracional y toman medidas para evitar el supuesto peligro. También pueden experimentar una ansiedad inmediata al encontrarse con la situación o el objeto que temen. Algunas fobias comunes son a volar en avión o a las alturas, a los animales o a las inyecciones. 

Trastorno de estrés postraumático (TEPT) 

Afecta a personas que han vivido o presenciado un evento traumático como una guerra, una catástrofe natural, un accidente grave o abuso físico o sexual. Puede causar recuerdos involuntarios y perturbadores del evento, dificultad para dormir o pesadillas, sentimientos de soledad o arrebatos de ira. Las personas con TEPT pueden sentirse preocupadas, culpables o tristes. 

¿Es posible disminuir la ansiedad? La respuesta es sí. Actualmente, existen múltiples estrategias que se pueden aprender, entrenar y aplicar en el día a día.

Por otro lado, cabe señalar un aspecto esencial: a la hora de prevenir y atenuar el impacto de esta condición psicológica no hay estrategias que sirvan a todos por igual.

Cada persona debe descubrir qué mecanismos le funcionan mejor. Por ello, es conveniente recordar que en caso de que el estado de ansiedad te supere en algún momento, es recomendable pedir ayuda a un psicólogo, puedes ayudar a disminuir la ansiedad con las siguientes pautas:

  1. Generar en ti hábitos de vida saludable
  2. Practicar algún tipo de deporte
  3. Llevar un diario en donde escribas como te sientes
  4. Salir al aire libre, disfrutar de amistades sanas
  5. Ir a terapia

Por: Gianna Mendoza Botero, Psicóloga

Asociación Niños De Papel