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Tradiciones

La Inmaculada: Un canto monteriano a la fe, la fraternidad y la esperanza

Por: Jairo Aníbal Doria

El 8 de diciembre tiene un brillo especial en Montería.

Las velas encendidas sobre los antejardines, balcones o terrazas; el rumor del río y el saludo entre vecinos componen una escena que parece suspendida en el tiempo.

Allí, entre la devoción y la ternura, resuena la canción La Inmaculada, de Guillermo Ruiz Berrío, un compositor que ha sabido convertir la fe en expresión artística y la vida cotidiana en poesía.

Su letra no es un rezo litúrgico ni una pieza folclórica; es una reflexión sencilla sobre la alegría de creer y la necesidad de mantenerla encendida.

“Ocho de diciembre es la Inmaculada, se prenden las velas en la madrugada”, dice el verso central, y en esa imagen se condensa un símbolo que Montería parece entender: la vela no solo ilumina, sino que une.

La madrugada (o bien sea, la noche), se transforma en territorio espiritual donde la comunidad despierta a la esperanza.

Ruiz Berrío escribe con la serenidad de quien conoce el valor de lo esencial.

“A mi Dios le pido que nuestro entusiasmo empiece en diciembre y dure todo el año”, canta su amigo musical Álvaro Álvarez, y la plegaria se vuelve también una advertencia: la fe no puede limitarse a la temporada de luces ni la fraternidad a las fiestas.

El entusiasmo es, en la visión del maestro, una forma de resistencia ante el desánimo.

En otro pasaje, el autor introduce un matiz profundamente humano:

“Y nuestro saludo sea de franciscanos así: bien, hermano, te estamos deseando.”

La frase, no solo alude a la humildad de San Francisco; redefine la espiritualidad como convivencia.

Para Ruiz Berrío, la fe comienza en el trato con los demás, en la forma que nos saludamos, en la capacidad de desear el bien, sin cálculo ni retórica.

La religión se convierte, entonces, en un ejercicio de empatía.

El cierre de la canción, es un manifiesto de vida comunitaria:

“Que en las navidades y en los años nuevos, nos demos abrazos usted y el compañero.”

Es la afirmación de un ideal fraterno, casi pedagógico, que reivindica los valores más elementales: el saludo, el abrazo, la compañía.

La devoción se humaniza. En La Inmaculada, el fervor religioso se traduce en ética cotidiana.

Guillermo Ruiz Berrío, monteriano de espíritu sereno y palabra limpia, ha construido una obra coherente con esa mirada.

Con 58 canciones registradas ante SAYCO, entre ellas Montería es el Paraíso, El Camináo y Fortaleza en la Adversidad, ha logrado dar forma a un cancionero que no necesita artificios ni escenografía.

Sus composiciones nacen de la experiencia vivida, de la observación del entorno y de una convicción: la música también puede enseñar.

Durante la pandemia, cuando el aislamiento volvió frágil la esperanza, escribió su disco Fortaleza en la Adversidad, un testimonio de fe y resiliencia que amplió su horizonte creativo, sin apartarse de su esencia.

Su obra, es una respuesta pausada a la saturación de los tiempos actuales.

Mientras buena parte de la industria musical privilegia lo inmediato y desechable, Ruiz Berrío insiste en el sentido.

En lugar de ruido, ofrece palabra; en lugar de artificio, sinceridad.

La Inmaculada no busca el aplauso fácil ni la nostalgia, sino la permanencia. Es, en su forma más pura, un canto a la gratitud.

Escucharla en la víspera del 8 de diciembre es más que un acto de fe: es una manera de reencontrarse con lo que somos.

En ritmo de fandango y tono de plegaria, La Inmaculada, restituye a la tradición el sentido de lo compartido y a la palabra su antigua tarea de unir.

Lo que enseña no es a creer, sino a convivir.

🎧 Canción LA INMACULADA ▶️