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Tras captura de Maduro, Trump anuncia control de transición y lanza advertencia a Petro

Lectura “desprevenida” a la Rueda de Prensa de Mar-a-Lago.

Por: Jairo Aníbal Doria

Donald Trump compareció ante la prensa para narrar, a su manera, el momento que sacudió en la madrugada de hoy a Venezuela y estremeció a la región.

Presentó la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, como la ejecución de una orden de arresto y como una acción “fundamentalmente policial”, respaldada por el aparato militar estadounidense.

Pero el relato duró poco en el terreno de lo judicial: en cuestión de minutos la rueda de prensa reveló que la operación era, en realidad, la puerta de entrada a un mensaje más amplio, de alcance hemisférico, donde el petróleo y la administración del poder en Caracas, quedaron en el centro de la conversación.

Presidente Trump en Rueda de Prensa,
desde su residencia en Mar-a-Lago.

Trump describió un operativo rápido, con resistencia en el terreno, y afirmó que Maduro intentó refugiarse en un búnker sin lograrlo.

Dijo que el capturado será llevado a Estados Unidos para responder ante la justicia y mencionó a Nueva York como destino inmediato, mientras justificó la reserva previa alegando que no era posible alertar al Congreso, por el riesgo de filtraciones que comprometieran la misión.

El discurso Trump, tuvo un guion político claro: el presidente buscó vestir la operación con ropaje legal y convertirla en un acto de autoridad destinado a mostrar resultados inmediatos.

Sin embargo, lo que realmente se ve como leitmotiv, fue el petróleo.

Nicolás Maduro, esposado en el buque anfibio
USS Iwo Jima, camino a Nueva York

Trump insistió en que Estados Unidos no iniciaría una intervención para luego abandonarla y lanzó, sin rodeos, la idea de “administrar” Venezuela durante la transición.

Prometió reconstrucción de infraestructura, presencia de “expertos” y participación de grandes empresas energéticas, bajo una premisa que intenta blindar la intervención ante su audiencia doméstica: el proceso, se pagaría con la propia renta petrolera del país intervenido y, según él, beneficiaría primero, a los venezolanos, incluidos quienes migraron y podrían regresar.

En ese giro, la captura dejó de ser el cierre de una persecución y pasó a funcionar como herramienta: una llave de entrada para ordenar el sistema político y la economía de un Estado en crisis.

Mientras Trump hablaba desde Florida, en Caracas emergió el vacío que la rueda de prensa no despejó y que, de hecho, amplificó.

Delcy Rodríguez, vicepresidenta ejecutiva y figura central del círculo de poder del madurismo, exigió prueba de vida y alimentó la incertidumbre sobre el mando real tras la captura anunciada.

Delcy Rodríguez, Vicepresidenta de Venezuela

Su aparición, no fue un detalle menor: en una crisis de sucesión, ella es la pieza inevitable, no solo por jerarquía formal, sino por control burocrático y por su papel en la arquitectura de lealtades que sostuvo al régimen.

La gran duda quedó instalada: si Estados Unidos habla de “administrar” Venezuela sin mostrar una ocupación total, ¿con quién se sostendrá la gobernabilidad mínima en territorio?

Delcy, en ese contexto, puede representar continuidad sin Maduro, puente de un arreglo transaccional para evitar el colapso o cabeza de una reorganización defensiva del chavismo frente a una intervención que busca imponer condiciones.

No hay términos confirmados de un acuerdo, pero el discurso de Trump —por lo que promete y por lo que exige— deja ver que el pulso no se juega solo con fuerza, sino también con control institucional y con petróleo, como moneda de poder.

Presidente Petro, ordenó despliegue de fuerza “asistencial” a la frontera con Venezuela

La rueda de prensa tuvo, además, un momento sensible para Colombia. Ante preguntas sobre Gustavo Petro, Trump retomó el libreto de semanas recientes: acusaciones sobre cocaína, señalamientos de criminalidad y una advertencia personal (“watch his ass”) que elevó la tensión bilateral.

No fue una frase aislada, dado lo dicho, hecho y las circunstancias; funcionó como señal de disciplina regional en medio de una crisis, donde Washington pretende marcar reglas y pedir alineamientos.

En la lógica del mensaje, Petro quedó presentado como un actor que no solo opina, sino que podría estorbar —política o simbólicamente— al nuevo orden que Trump intenta dibujar en el vecindario estratégico.

A partir de este punto, el proceso abre más frentes de los que cierra.

En Estados Unidos, la judicialización de Maduro y Flores se convertirá en un espectáculo político y en un expediente legal con implicaciones internacionales: traslados, comparecencias, condiciones de detención, cargos y narrativas.

Luego de más de 20 años, hoy en Venezuela, la pregunta decisiva es quién ejerce poder real en lo cotidiano, qué pasa con las fuerzas armadas, con los aparatos de inteligencia y con los mandos que aún controlan territorio.

En el plano económico, el anuncio de “administración” y de involucramiento petrolero, plantea una disputa estructural: quién maneja la renta, bajo qué reglas, con qué legitimidad y por cuánto tiempo.

Y en el plano regional, Colombia queda en la primera línea del impacto: cualquier desorden sostenido en Venezuela presiona la frontera, reactiva el temor a una nueva ola migratoria y convierte a las relaciones internacionales, en un campo minado.

La Prenio Nobel, María Corina Machado y
Edmundo González, Presidente electo en el exilio

En paralelo, se conoció un mensaje de la Premio Nobel de Paz, María Corina Machado, donde dijo que la captura de Maduro abre una oportunidad para cambiar el poder en Venezuela.

Machado, pidió que Edmundo González asuma de inmediato, llamó a la Fuerza Armada a reconocer esa transición y pidió a los venezolanos —dentro y fuera del país— mantenerse atentos, organizados y en calma para apoyar el paso hacia un nuevo gobierno.

Trump quiso vender la jornada como una victoria limpia: captura, control y reconstrucción. La realidad, por ahora, es más áspera y menos conclusiva.

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