Nuevo obispo en Montería: el reto de la cohesión social tras las inundaciones.

Por: Jairo Aníbal Doria
Montería inicia una nueva etapa pastoral en un momento decisivo para el departamento de Córdoba.
Este 14 de febrero de 2026, monseñor Rubén Darío Jaramillo Montoya asumió oficialmente el gobierno de la Diócesis de Montería, tras su nombramiento por parte del papa León XIV, confirmado por la Conferencia Episcopal de Colombia.

El relevo episcopal ocurre en un momento trascendental para Córdoba, luego de las recientes inundaciones que afectaron municipios de la cuenca del río Sinú.
Como es de amplio conocimiento, las crecientes han dejado viviendas anegadas, pérdidas en cultivos y afectaciones en infraestructura rural, obligando a activar planes de contingencia por parte de autoridades y organismos de gestión del riesgo.
Superada la fase más crítica de la emergencia, el territorio entra ahora en una fase compleja de reconstrucción integral y recuperación del tejido social.
Jaramillo Montoya, llega procedente de la Diócesis de Buenaventura, donde desde 2017 ejerció su ministerio en medio de escenarios de alta conflictividad urbana.
Allí su gestión estuvo asociada a procesos de diálogo comunitario, defensa de la vida y llamados constantes a políticas públicas sostenidas frente a la violencia.
Esa experiencia en contextos de fractura social marca su perfil y define expectativas sobre su papel en Córdoba.
En Montería, el desafío será acompañar a comunidades golpeadas por fenómenos climáticos extremos, vulnerabilidad económica y brechas estructurales históricas.
La diócesis, que abarca 23 municipios del departamento, mantiene una amplia red parroquial y presencia territorial, que puede incidir en procesos de organización comunitaria, apoyo humanitario y acompañamiento espiritual.

La etapa post-inundaciones exige algo más que asistencia inmediata. Implica fortalecer liderazgos locales, promover solidaridad entre sectores urbanos y rurales, y articular esfuerzos con instituciones civiles para evitar que la emergencia profundice desigualdades.
En ese escenario, la Iglesia católica actúa no solo como referente religioso, sino como espacio de encuentro social.
El nuevo obispo asume, por tanto, una responsabilidad que trasciende lo litúrgico.
Su gestión será evaluada por la capacidad de convertir la estructura eclesial en plataforma de apoyo a la reconstrucción, de escucha activa frente al dolor comunitario y de promoción de confianza en un territorio que necesita estabilidad.
Montería no solo estrena obispo: asume el reto de recomponerse unida.
En esa prueba, más allá de las aguas que aún deben drenarse, de los muros por levantarse y de los cultivos por recuperarse, el verdadero desafío será consolidar la cohesión social como cimiento de una reconstrucción que no solo repare infraestructuras, sino que fortalezca el tejido comunitario tras las inundaciones.



