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Relaciones toxicas… ‘Familias disfuncionales’

Continuando con nuestra secuencia de relaciones toxicas quise, esta vez, hablar un poco del efecto negativo que genera convivir en una familia disfuncional, sobre todo para los hijos (as).

Desde el punto de vista de la teoría sistémica de Minuchin, S (1979), el sistema familiar está definido como un grupo complejo, que se compone de miembros que están en constante interacción y su contexto se ve regido por leyes instauradas por los mismos integrantes del núcleo, es decir que la familia es un pilar fundamental centrada en la comunicación como nexo afectivo y social para un desarrollo óptimo.

Al hablar de las familias disfuncionales hacemos énfasis en aquellos núcleos donde la presencia de conflictos desencadena un deterioro de salud mental en los miembros del hogar a raíz de un comportamiento inadecuado por algún integrante proveniente de dos factores, externo (estímulos negativos), e interno (temperamento, cultura).

 Bertalanffy, L (1999), gestora de la teoría general de los sistemas, establece 3 subdivisiones de los sistemas familiares: El sistema abierto, el sistema cerrado y el sistema flexible.

En el sistema abierto, el núcleo familiar, es donde la exposición a cualquier influencia procedente del medio externo, se apropia de la integridad del sistema, es decir que atraviesa la débil barrera del control y toma protagonismo para un desencadenante de conflictos entre miembros del conjunto, lo cual se puede evidenciar en familias donde no existe figura que oriente a los hijos, donde la libertad exacerbada es un diario vivir que debe ser permitido.

Desde luego al hablar de este tipo de sistemas nos enfocamos en la ausencia de normas internas dentro del círculo que a su vez la marcan indiferencia dentro de los mismos padres hacia hijos.

Al analizar el sistema cerrado se menciona aquellas familias que se caracterizan por poseer una figura autoritaria, independientemente que sea padre o madre, su sistema de manejo es muy lineal y no existe interacción debida en los miembros, existen normas que evidentemente se refleja en su restricción y no permite un desarrollo social óptimo por la cárcel que dentro del núcleo se forma.

Por último, se describe al sistema familiar flexible, este modo de funcionamiento se da por la presencia de constante evolución de los integrantes hacia un bien común, donde la presencia de comunicación no hace nada más que fortalecer el vínculo afectivo, laboral, social entre otros.

El convivir en una familia disfuncional se convierte en riesgo muy grave, tanto que para algunos psicólogos la disfuncionalidad familiar es sinónimo de riesgo adictivo.

Según el licenciado en psicología Yanquiel Barrios y colaboradores, en su artículo publicado en la Revista Adicción y Ciencia 2016, en el contexto familiar, las actitudes favorables hacia el consumo de drogas legales, el maltrato y la violencia doméstica, la comunicación deficiente y la inconsistencia afectiva, dañan la salud y el bienestar de los adolescentes y favorecen que estos incorporen a su estilo de vida, el uso de sustancias psicoactivas.

Hay estudios que indican que las buenas relaciones entre padres e hijos es un factor protector frente al consumo de drogas, es decir mientras mejor sean las relaciones entre padres e hijos las adicciones a sustancias psicoactivas son menores.

En cambio, las relaciones deficientes entre éstos aumenta la posibilidad de que el adolescente experimente con alguna droga. Recuérdese que en la adolescencia es común que se produzcan conflictos entre hijos y padres.

A su vez dentro de las propias familias disfuncionales se desarrollan factores de riesgo, los cuales son abordados por varios autores. Entre estos factores se encuentran los problemas de manejo de la familia que se manifiestan por estrategias inadecuadas, incluyendo carencia de expectativas por la conducta, fracaso de los padres en controlar a sus hijos y castigo excesivamente severo o inconsistente, lo cual incrementa el riesgo de abuso de drogas.

Otro factor lo constituye la historia familiar vinculada al alcoholismo, si el niño ha nacido o se ha criado en una familia con una historia de adicciones, el riesgo de tener problemas con el alcohol o con otras drogas se incrementa.

Sin contar los daños cerebrales y riesgos para la salud del recién nacido. El uso de drogas por parte de los padres y las actitudes positivas hacia su consumo constituye otro factor de riesgo adictivo.

En las familias en las que los padres utilizan abusivamente alcohol o drogas ilegales, son tolerantes al consumo de sus hijos o implican a sus hijos en su propia conducta de consumo, es más probable que los niños abusen de las drogas y del alcohol en la adolescencia Las sagradas escrituras nos confirman lo expuesto anteriormente.

1 Pedro 1,18: «Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres».

Lo que significa, que muchas conductas de nuestros hijos son solo imitaciones de los padres, y eso incluye adicciones como el alcohol, o el cigarrillo que en un futuro se podrían convertir en drogas alucinógenas.

Es muy difícil decirle a un adolescente que no tome licor, cuando desde niño se le dio de probar cerveza (así sea por juego) o decirle a mi hija que no salga a tal discoteca porque es muy peligroso, cuando desde niña le celebraba sus cumpleaños como minitecas, por eso nuestros abuelos nos decían: ¡Árbol que crece torcido, ya no se endereza!

Según Barrios y colaboradores, otros factores de riesgo pueden ser la pobre supervisión familiar que no vela por la seguridad y adecuada educación de los adolescentes, muchas veces los padres delegan la educación y vigilancia de los hijos alegando a que tienen mucho trabajo. La indisciplina que muchas veces no es controlada.

Los conflictos en el hogar, ya sean por convivencia en condiciones de hacinamiento o por estilos de vida que han favorecido al adolescente a dejarlo actuar como se le antoje. La historia familiar de conducta antisocial favorece a que sean transmitidas a través de las generaciones actitudes parentales propicias a la conducta antisocial y al uso de drogas.

Sin lugar a dudas esto de ser papá o mamá tiene su complejidad, sobre todo por cimientos o fundamentos que vamos a sembrar en nuestros hijos. Según la ciencia mucho del fracaso de nuestros hijos tiene que ver con nuestro estilo y supervisión de crianza, y una familia disfuncional según las estadísticas garantizara su fracaso como persona en medio de la sociedad.

Personalmente he visto como familias enteras se han enrumbado hacia una nueva dirección al ponerse de acuerdo, y tomar decisiones para el bien común de todos.

Han buscado ayuda espiritual y psicológica para mejorar sus relaciones y afortunadamente el futuro de sus hijos fue diferente. ¡Te invito a luchar y hacer lo necesario para cambiar el futuro de tu familia! Dios quiere eso para los tuyos, en Cristo serán benditas todas las familias de la tierra (Hechos 3:25).


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