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Que Suene la Banda

Es el título de una magnífica obra de investigación que fue un proyecto ganador del portafolio de estímulos especiales del Ministerio de la Cultura, con el apoyo de la Alcaldía de Barranquilla, escrita por el maestro Eduard Yépez Fontalvo.

Yépez, joven barranquillero graduado de Licenciatura en Música y con una maestría en Música de la Universidad Pontificia Javeriana con un recorrido musical en muchísimas agrupaciones de su ciudad natal, y el profesor Guillermo Cabo Renderos, quien fuera decano de la facultad de Bellas Artes, de la universidad del Atlántico, que recopila las magníficas experiencias del proceso de aprendizaje y enseñanza de las bandas folclóricas del departamento de Córdoba.

Reafirmando con ello lo interesante y no tan fácil de lograr: el dominio, sonoridad y las adaptaciones culturales en los procesos académico-musical de las regiones donde se interpreta la música de banda.

Que «la música es el lenguaje universal» se escucha a menudo y claro tal postulado, ahora tiene sustento académico, en el entendido de que para ello se diseñó, desde tiempos inmemoriales, una cantidad de signos, elementos y sistemas, para ello, es así que se conocen el pentagrama, las notas musicales, las claves, los signos que dan mayor o menor valor a las notas.

Todo esto integrado da como resultado la escritura y lectura musical que cualquiera en el mundo entero, que sepa interpretar un instrumento bajo el estricto precepto de la lectura musical, podrá leer sin ningún problema, pero tal como sucedió con el acordeón que llegó un día a nuestro país y los pueblos de las costas empezaron de manera autodidacta a sacarle sonidos a un instrumento que no habían visto nunca y de lo cual hoy ya conocemos los resultados.

Eso mismo pasó con la música de banda, no se tiene fecha exacta de cómo y cuándo llegaron instrumentos como la trompeta, el bombardino, el clarinete, trombón, redoblantes y platillos.

Instrumentos que hacen parte fundamental en la sonoridad de las orquestas sinfónicas, una vez aquí, estos pueblos en los cuales ya existían sonoridades propias con gaitas y tamboras, comienzan un proceso de transición sonora de piezas musicales que ya interpretaban a los ya mencionados instrumentos de vientos.

A simple vista se ve fácil pero el tema es, a juicio de eruditos, en la música es bien complejo como entender que campesinos labradores de tierra, jornaleros, vaqueros, hacedores de casa sin ningún contacto y posibilidad de formación académico-musical lograran destreza con instrumentos desconocidos y complejos.

Pero además, con melodías propias de su cultura y compuestas por ellos mismos, cómo es que logran ensamblar más de 12 sonoridades distintas en una pieza, esa es la inquietud que llevó al autor del libro a entrevistarse que los más conocedores de nuestra identidad y cédula cultural ante el mundo para no sólo comprender tal hazaña, si no dejarla plasmada como método de enseñanza a las generaciones actuales.

Logrando sin proponérselo preservar un método propio que la luz de la historia dio y sigue dando resultado. En esta investigación participaron juglares como FelicianoTobias Garces, Miguel Emiro Naranjo, Alvaro Castellano, Francisco Paternina y algunos de los que hoy son producto de estos grandes maestros como Julio Roberto Catillo, Hernán Contreras, Carlos Rubio, Victoriano Valencia y Arlington Pardo, entre otros, quienes también siguen aplicando aquella técnica con la que aprendieron y que, al llegar a las universidades lograron potencializar y valorar, desde el punto de vista del aprendizaje.

Se inició un recorrido por poblaciones como Monteria, San Pelayo, Cerete, Manguelito, Canalete solo por mencionar algunas. Este libro enmarca la música tradicional como elemento constructivo y determinante en el desarrollo de los pueblos porque explica el proceso de saberes y aprendizaje en donde los músicos de banda aplican un método la transmisión con características únicas como la imitación, la repetición y sobre todo, la memorización, método que permite que los niños asimilen de manera mas rápida el proceso de aprendizaje musical logrando efecto multiplicador en los habitantes de los pueblos.

La investigación logra evidenciar cómo la pericia de estos maestros traspasan barreras y se inventan metodologías para migrar las sonoridades a figuras y lograr que los interpretes puedan identificar lo que tocan, recurriendo a la pronunciación de las figuras remplazadas por elementos de su vivencia diaria como, el plátano, la piña, el pan, es así que les muestran las figuras musicales y encima de ellas los elementos con los que conviven, método que además de único e inteligente permite que el músico se apropie más de su cultura y todo aquello con lo que vive.

Viene no solamente a reivindicar la grandeza de la música de banda si no a también poner de presente el complejo mundo del aprendizaje para la interpretación de los instrumentos que conforman una banda, y por lo cual debería reconocerse y exaltarse muchísimo más el esfuerzo y la lucha de nuestros músicos.

Sin duda, investigaciones como estas son un aporte significativo en el desarrollo de la música de bandas y permiten mejorar las condiciones de aprendizaje en los territorios y que contribuyen de manera significativa a la preservación de el acervo cultural y patrimonio musical de los pueblos que interpretan la música vernácula de nuestros pueblos, se necesitan muchas investigaciones como esta que resalten y cuenten los métodos de aprendizaje para mejorarlos exponerlos, para que sigan sonando las bandas.


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