España limita acceso temprano a smartphones y pantallas

Por: Jairo Aníbal Doria
España ha decidido intervenir de manera directa en uno de los debates más sensibles de la era digital: el acceso temprano de niños y adolescentes a smartphones, redes sociales y pantallas.
La medida no surge de una cruzada moral ni de una nostalgia por el pasado analógico, sino de una preocupación creciente por la salud mental infantil y juvenil, hoy reconocida como un problema de salud pública.
En los últimos años, las autoridades españolas han documentado un aumento sostenido de ansiedad, depresión, trastornos del sueño, dificultades de atención y aislamiento social en menores de edad.

Diversos estudios y reportes oficiales coinciden en que la exposición prolongada y sin control a pantallas, especialmente a redes sociales, tiene efectos directos sobre el desarrollo emocional y cognitivo en etapas donde el cerebro aún no ha completado su maduración.
La regulación busca aliviar una presión que ya no solo se vive en los hogares, sino también en los colegios.
Padres y cuidadores enfrentan plataformas diseñadas para captar atención de forma permanente, mientras las instituciones educativas reportan mayores conflictos de convivencia, ciberacoso y dificultades para sostener procesos de aprendizaje.
Al intervenir, el Estado asume que la crianza digital no puede recaer exclusivamente en decisiones individuales y que se requiere un marco común que proteja a los menores.



En el ámbito escolar, la limitación del uso de celulares apunta a recuperar la concentración, el vínculo presencial y la interacción social directa, sin renunciar al uso pedagógico de la tecnología bajo parámetros claros.
No se trata de excluir lo digital, sino de ordenar su entrada en la vida de niños y jóvenes, estableciendo tiempos, edades y contextos adecuados.
La experiencia española se suma a una tendencia europea más amplia que empieza a tratar el impacto de las pantallas desde la salud mental y no solo desde la innovación tecnológica.
En ese camino, también se ha desmontado uno de los mitos más repetidos del debate: que los creadores de las grandes plataformas digitales “prohíben” la tecnología a sus hijos.
Si bien no existe una regla universal, sí es cierto que muchos referentes del sector han optado por retrasar el acceso a smartphones y redes sociales, reforzando la idea de que el riesgo no está en la herramienta, sino en su uso temprano e intensivo.

Para Colombia, donde cada vez más niños acceden a un celular desde edades muy tempranas y los problemas de salud mental juvenil muestran señales de alarma, el caso español abre una discusión necesaria.
¿Debe el Estado intervenir para equilibrar la carga que hoy asumen las familias?
¿Cómo proteger a los menores sin desconectarlos del mundo?
¿Qué rol deben cumplir los colegios y las plataformas digitales?
España no busca devolver a los niños a una “caverna” tecnológica, sino garantizar que el acceso al mundo digital no ocurra a costa de su bienestar emocional.
Todo un desafío para una sociedad hiperconectada.




