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 ¿Por qué hay estigma social hacia la salud mental?

¿Por qué hay estigma social hacia la salud mental?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha definido la salud mental como un estado de bienestar en el cual el individuo se da cuenta de sus propias aptitudes, puede afrontar las presiones normales de la vida, puede trabajar productiva y fructíferamente y es capaz de hacer una contribución a su comunidad (OMS, 2001).

En psicología, cuando se habla de salud mental se la entiende como un “estado relativamente perdurable en el cual la persona se encuentra bien adaptada, siente gusto por la vida y está logrando su autorrealización. Es un estado positivo y no sólo ausencia de trastornos mentales”.

En este sentido positivo, la salud mental es la base para el bienestar y el funcionamiento efectivo de un individuo y una comunidad. Es mucho más que la ausencia de enfermedad mental, ya que las condiciones mencionadas en la definición expuesta por la OMS, tienen valor por sí mismas. Ni la salud física, ni la salud mental pueden existir solas. El funcionamiento de las áreas mentales, físicas y sociales son interdependientes; es decir, los seres humanos nunca vamos a tener una buena salud mental, si no tenemos una buena salud física y viceversa.

Estigmatización social de la salud mental.

El estigma de la salud mental hoy en día en la sociedad, es la barrera más grande y prevalente que existe en la comunidad para mejorar la salud mental general; se refiere a actitudes o creencias discriminatorias negativas que llevan a “desvalorizar, desacreditar y desfavorecer por parte del público en general a las personas con enfermedades mentales”.

Hoy en día vemos como algo normal que se diagnostique cualquier enfermedad de riesgo cardiovascular, oftalmológica, degenerativa, respiratoria, del sistema digestivo, etc; pero no contemplamos la idea de padecer una enfermedad mental.

Dicho estigma sigue siendo un factor importante de influencia negativa en la forma en que las personas tratan y perciben las afecciones de salud mental. Algunas investigaciones indican que, en muchos países, aproximadamente del 80 al 90% de las personas con una afección de salud mental experimentan el impacto negativo del estigma. Algunas creencias sociales, culturales, regionales, religiosas y familiares, al igual que las representaciones de los medios, pueden influir en el estigma relacionado con las afecciones de salud mental. Estas creencias usualmente se deben a una combinación de ignorancia y mala información, actitudes o prejuicios negativos y discriminatorios.

¿Cómo superar el estigma de la salud mental?

El estigma puede dar lugar a la discriminación. La discriminación puede ser evidente y directa, por ejemplo, si alguien hace un comentario negativo sobre la enfermedad mental o sobre el tratamiento. También puede ser no intencional o sutil, como cuando alguien te evita porque asume que podrías ser inestable, violento o peligroso a causa de tu enfermedad mental. Es posible que hasta te juzgues a ti mismo.

Algunos de los efectos nocivos del estigma comprenden:

  • Resistencia a buscar ayuda o tratamiento.
  • Falta de comprensión por parte de familiares, amigos, compañeros de trabajo u otras personas.
  • Menos oportunidades laborales, o para participar en actividades escolares o sociales, o problemas para encontrar una vivienda.
  • Hostigamiento, violencia física o acoso.
  • Un seguro médico que no cubre adecuadamente el tratamiento de la enfermedad mental.
  • La creencia de que nunca superarás ciertos desafíos o de que tu situación no mejorará.

Pasos para enfrentar el estigma

Estas son algunas formas de enfrentar el estigma:

  1. Obtén tratamiento. Puedes estar reacio a admitir que necesitas un tratamiento. No permitas que el miedo a ser etiquetado con una enfermedad mental te impida buscar ayuda. El tratamiento puede brindar alivio al identificar lo que está mal y reducir los síntomas que interfieren con tu trabajo y tu vida personal.
  2. No dejes que el estigma te haga dudar de ti mismo y te cause vergüenza. El estigma no proviene sólo de los demás. Es posible que creas erróneamente que tu afección es un signo de debilidad personal o que deberías poder controlarla sin ayuda. Buscar asesoramiento, informarte sobre tu afección y conectarte con otras personas que padecen una enfermedad mental puede ayudarte a ganar autoestima y superar el juicio destructivo sobre ti mismo.
  3. No te aísles. Si tienes una enfermedad mental, es posible que no quieras decírselo a nadie. Tu familia, amigos, miembros del clero o de tu comunidad pueden ofrecerte apoyo si saben sobre tu enfermedad mental. Comunícate con personas en las que confíes para obtener la compasión, el apoyo y la comprensión que necesitas.
  4. No te identifiques con tu enfermedad. No eres una enfermedad. En lugar de decir «soy bipolar», di «tengo trastorno bipolar». En lugar de llamarte «esquizofrénico», di «tengo esquizofrenia». En lugar de decir “soy un drogadicto”, di “tengo problemas de consumo de drogas”.
  5. Únete a un grupo de apoyo. Algunos grupos locales y nacionales o algunas IPS, ofrecen programas locales y recursos de Internet que ayudan a reducir el estigma al educar a las personas que padecen enfermedades mentales, sus familias y el público en general.
  6. Busca ayuda en la escuela. Si tú o tu hijo tienen una enfermedad mental que afecta el aprendizaje, averigua qué planes y programas podrían ayudar. La discriminación contra los estudiantes debido a una enfermedad mental es ilegal, y los educadores en los niveles primario, secundario y universitario deben adaptarse a los estudiantes lo mejor que puedan. Habla con maestros, profesores o administradores sobre el mejor enfoque y los recursos. Si un maestro no sabe sobre la discapacidad de un estudiante, esto puede provocar discriminación, barreras de aprendizaje y malas calificaciones.
  7. Habla sin reparos contra el estigma. Considera expresar tus opiniones en eventos, en cartas al editor o en Internet. Puede ayudar a infundir valor en otras personas que enfrentan desafíos similares y educar al público sobre las enfermedades mentales.

No olvides que los juicios de los demás casi siempre provienen de una falta de comprensión más que de información basada en hechos. Aprender a aceptar tu afección y reconocer lo que debes hacer para tratarla, buscar apoyo y ayudar a educar a otros puede marcar una gran diferencia.

Martha Alejandra Olivera Viloria.

Psicóloga, diplomado en psicología clínica y salud mental.

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