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Opinión

Las palabras, el poder y la renovación del Congreso 2026

 Por: Mauricio Burgos Altamiranda – Docente universitario

El próximo domingo, 8 de marzo, se llevarán a cabo las elecciones legislativas del país. Como siempre, las mismas casas políticas intentan mantener una curul en el Congreso, mientras que los nuevos jugadores —alcaldes y políticos emergentes— esperan alcanzar un espacio en la Cámara o en el Senado. 

No será tan fácil esta vez para ninguno, pues el efecto directo del Gobierno del Cambio, además de factores externos como la atípica ola invernal, influirá en la decisión de los electores. He aquí algunas reflexiones:

Los votantes y los aspirantes

Hace cuatro años, cerca de 761 mil personas votaron para el Congreso en Córdoba. Se espera que el aumento sea del 10 %, lo que indica que el estimado de votación total sobrepasaría los 800 mil sufragios. 

Siendo así, para el caso de la Cámara de Representantes, que cuenta con cinco escaños directos (y uno adicional por la curul de paz), cualquiera de los aspirantes que busque obtener credencial deberá superar los 100 mil votos si quiere llegar al Capitolio.Para esta corporación hay cuatro listas fuertes, cada una con sus respectivas tensiones internas.

Aunque algunos sostienen que una de las listas con voto preferente obtendrá tres representantes, es poco probable que esto ocurra en esta oportunidad. 

En cuanto al Senado, el panorama es aún más complejo: hay cerca de 23 aspirantes por Córdoba. Y aunque la circunscripción es nacional —es decir, pueden obtener votos en otras regiones del país—, es seguro que Córdoba no tendrá más de ocho senadores.

El Registrador Nacional Hernán Penagos. Foto: Esteban Vega – Semana

El poder

Como es habitual, los mandatarios departamentales y locales ya tienen definidas sus fichas.

Se dice que parte de los presupuestos y de los cargos que de allí se derivan están amarrados a las campañas.

También se afirma que solo los líderes fuertes podrán mover las maquinarias para que estas se traduzcan en votos. Pero cuidado: la ciudadanía hoy está más informada y, por consiguiente, es menos manipulable. 

Por otro lado, quienes aspiran a repetir curul y han permanecido al margen de las reformas sociales que demanda el país —es decir, quienes se han opuesto a reconocer los derechos básicos de los menos favorecidos—, con seguridad recibirán lo que han sembrado. 

Por eso, el poder no es suficiente, porque, aunque se intente coaccionar al elector, muchos votantes elegirán de manera libre. Eso es seguro.

Las palabras

La comunicación lo es todo para los seres humanos: es tan vital como el agua, el aire o los alimentos.

Por eso, cada palabra cuenta y cada gesto significa. Esto lo saben muy bien los políticos profesionales, pues juegan con el lenguaje, comunican tanto desde lo verbal como desde lo no verbal, envían mensajes de aceptación o de desaprobación e impactan a la gente para bien o para mal.

Algunos han aprendido a desenvolverse en situaciones de alta presión, pero a otros las palabras los han desnudado.

Por ejemplo, afirmar que “en esta ciudad mandamos nosotros” o decir que “ahí solo tengo 50 vaquitas… eso es prácticamente nada”, al referirse a una finca que presuntamente ha ocupado terrenos baldíos, envía un muy mal mensaje a los electores y deja al descubierto la vanidad del poder.

La renovación del Congreso de la República en 2026

Las casas políticas tradicionales siguen pensando que nada ha cambiado.

Muchos creen que los ríos de dinero, a última hora, serán la garantía de los votos. Otros piensan que el Gobierno del Cambio es efímero, que nada ha pasado y que los partidos tradicionales volverán a la Casa de Nariño el 7 de agosto.

Creen, de manera ciega y desobligante, que el analfabetismo político sigue campeando y que los ciudadanos son ignorantes. Se repiten, de forma equivocada, que la gente no tiene memoria y que olvida. Se equivocan, garrafalmente.

Hoy la ciudadanía está mejor informada; es decir, se ha avanzado en democracia informativa.

La economía del país ha crecido por encima de lo proyectado; los trabajadores, por primera vez en décadas, gozan de un salario mínimo vital; el agro y los campesinos están produciendo alimentos, gracias a una entrega histórica de tierras; el turismo se consolida cada vez más como uno de los motores del desarrollo; los jóvenes pueden asistir a la universidad sin pagar matrícula; la inflación continúa a la baja y ello se refleja directamente en el costo de los alimentos; los soldados sienten que su labor es mejor remunerada; los médicos internos reciben, también por primera vez, un salario mensual vital; y la gente ya no cree ciegamente en las noticias que venden los canales privados, muchos de ellos en crisis.

Es decir, pese a las dificultades que ha enfrentado este gobierno y a los problemas que aún persisten; pese al ataque mediático sistemático, el país ha visto, por primera vez, un gobierno con vocación de justicia social. 

En eso ha cambiado el país: en las cosas cotidianas, allí donde nunca antes una presidencia había tenido efectos visibles.

Eso lo sabe la gente del común y lo repite en cada conversación. Eso se refleja, también, en la alta favorabilidad de un presidente con el sol a sus espaldas. Y se refleja, finalmente, en la sensación de que el país va por buen rumbo, pese a todo.

Por ello, estoy seguro de que el Congreso de la República se renovará en 2026. No será un cambio drástico, pero estoy plenamente convencido de que incluso el hijo de una madre humilde, podrá acceder a un escaño en el poder legislativo.

En eso también consiste el Cambio, y en ese camino el país viene dando pasos importantes.

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