14 fórmulas y un país por convencer

Por: Jairo Aníbal Doria
Con 14 fórmulas inscritas ante la Registraduría, la primera vuelta presidencial quedó oficialmente definida.
Pero la campaña entra ahora en una etapa distinta: ya no basta con tener un electorado propio. La verdadera prueba será demostrar qué candidaturas pueden salir de su núcleo, ampliar su alcance y convencer a sectores más amplios del país.

Ese es, por ahora, el principal desafío de Iván Cepeda. Su candidatura llega con una base reconocible, con un bloque político cohesionado y con el impulso que dejó el resultado legislativo.
Pero, una elección presidencial no se gana solo con solidez interna. También exige capacidad de expansión. Y esa es la pregunta que rodea su aspiración: ¿podrá convertir su fortaleza de sector, en una mayoría nacional suficiente, para imponerse en la fase decisiva de la contienda?
En esa misma escena aparece Paloma Valencia, no necesariamente como la primera en la salida, pero sí como una de las candidatas con mayor posibilidad de ensanchar su radio de influencia.

Su fórmula con Juan Daniel Oviedo no solo sumó reconocimiento público; también modificó la percepción de la candidatura. Le incorporó un tono menos rígido, una presencia más técnica y una posibilidad de interlocución con electores que no se sienten del todo representados ni por la izquierda organizada, ni por la derecha más cerrada.
Ese detalle, en una campaña marcada por la desconfianza hacia los extremos, puede resultar determinante.
Al mismo tiempo, Abelardo de la Espriella fue perdiendo peso en la conversación pública, en buena medida por un error propio.
El comentario que lanzó contra Oviedo terminó produciendo un resultado adverso para él mismo. Lejos de restarle fuerza a su rival, aumentó su exposición y lo convirtió en uno de los nombres más comentados de la semana.

La respuesta de Oviedo, sobria y directa, le permitió ocupar un lugar que hasta entonces no había alcanzado con tanta fuerza: el de un actor político capaz de recibir un ataque sin descomponerse y de convertir ese episodio en presencia pública.
A esa exposición se sumó la controversia con Claudia López, que volvió a poner sobre la mesa la discusión sobre identidad, representación y alianzas.
Pero también ahí Oviedo, consiguió algo políticamente útil: no quedar encerrado en una defensa personal, sino responder desde la idea de sumar, de tender puentes y de no aceptar que su lugar en la campaña quede reducido a una sola condición.
Esa forma de reaccionar le permitió mantenerse visible sin romper el tono que había venido construyendo.

Lo que se empieza a perfilar, entonces, no es solo una confrontación entre izquierda y derecha.
Lo que se está disputando es un electorado más amplio, menos ideológico, más urbano, más pragmático y más cansado del exceso verbal.
Es un voto “suelto”, que no siempre se reconoce bajo una sola etiqueta, pero que suele decidir la elección cuando percibe quién ofrece serenidad, firmeza y posibilidad real de gobierno. El real voto de opinión.
Hacia ese sector, tendrán que dirigirse las campañas que aspiren a algo más que conservar a los suyos.
Ese comportamiento también tiene eco en Córdoba, donde el voto a presidencia, no suele responder únicamente a afinidades ideológicas ni a la mecánica política.
Aquí pesan la cercanía, la confianza, el manejo de los asuntos cotidianos, la seguridad, la economía doméstica, la salud y la capacidad de gestión.
Por eso, la campaña no se resolverá solo en el plano de las consignas. También contará la forma en que cada candidatura transmita sensatez, autoridad y conexión con las preocupaciones concretas de la gente.

En paralelo, los escrutinios legislativos siguen recordando que una elección no termina cuando se cierran las urnas.
El país continúa observando con atención las diferencias entre preconteo y escrutinio, la carga manual del sistema, los reclamos que surgen en cada etapa y la necesidad de fortalecer controles y trazabilidad.
En ese terreno, conviene mantener la cabeza fría: las dudas documentadas deben tramitarse con rigor, pero una inconsistencia no puede convertirse de inmediato en una acusación concluyente.
La confianza electoral se cuida con vigilancia, con técnica y con responsabilidad pública. Amanecerá y veremos.



