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Marco Rubio: la otra dimensión de su visita

Por: Jairo Aníbal Doria

La primera visita oficial de Marco Rubio a Colombia como secretario de Estado de Estados Unidos tuvo a Barranquilla como escenario central.

La ciudad recibió al jefe de la diplomacia estadounidense para una agenda marcada por seguridad, lucha contra el narcotráfico, cooperación militar, comercio, reconstrucción e inversión.

Rubio, aterrizó en el Ernesto Cortissoz y fue recibido por el canciller Omar Bula, la embajadora María Consuelo Araújo, el gobernador Eduardo Verano y el alcalde Alejandro Char.

Luego, se trasladó al Batallón Paraíso, sede alterna de la Presidencia, donde lo esperaba Abelardo De la Espriella.

Que la agenda comenzara en Barranquilla y no en Bogotá tuvo un peso propio.

Durante varias horas, el Caribe fue escenario de una relación bilateral que busca recuperar intensidad y traducirse en cooperación, en inteligencia, tecnología militar, drones, radares, sistemas antidrones, comercio y nuevas áreas como minerales críticos y energía nuclear civil.

Pero la visita tiene también otra dimensión.

Rubio y De la Espriella ya se conocían. El secretario recordó que ambos habían coincidido, unos dos años y medio antes, en una boda en el sur de Florida.

Esa relación previa ayudó a explicar la familiaridad de los saludos, los abrazos y las bromas que acompañaron algunos momentos de la jornada.

Otra momento lo relató en Instagram el presentador barranquillero Jairo Martínez.

Rubio lo reconoció y le preguntó qué hacía allí. De la Espriella intervino jocosamente para identificarlo como amigo de Shakira. Rubio dejó claro que sabía quién era y terminó mencionando conocidos comunes.

Por unos segundos, la conversación pasó de la geopolítica a ese entramado de relaciones personales que une desde hace décadas a Barranquilla, Miami y la comunidad latina de Florida.

Rubio también habló español con naturalidad y comparó el calor y la humedad de Barranquilla con Miami.

Era su primera visita a la ciudad. Más allá del cargo, Rubio dejó ver al político latino de Florida, hijo de inmigrantes cubanos y formado entre dos idiomas y dos culturas.

La conexión colombiana alcanzó también a su esposa, Jeanette Dousdebes Rubio, nacida en Miami e hija de colombianos.

Mientras avanzaban las conversaciones oficiales, ella recorrió el Museo del Carnaval junto junto a Ana Lucía Pineda, primera dama de Colombia, y Katia Nule, gestora social de Barranquilla y exreina del Carnaval, conoció personajes de la fiesta y recibió recuerdos alusivos a la marimonda y la Negrita Puloy.

Usiacurí también estuvo presente. El gobernador Eduardo Verano entregó a Rubio y a su esposa piezas elaboradas por artesanas del Atlántico.

Entre conversaciones sobre seguridad hemisférica, inteligencia y tecnología, el Caribe encontró otra manera de presentarse: a través de su cultura y sus oficios.

La ciudad aprovechó además la visita para plantear la posibilidad de recuperar presencia consular estadounidense en Barranquilla.

No existe todavía una decisión de Washington, pero el tema quedó incorporado a la conversación bilateral y, de avanzar, podría fortalecer vínculos empresariales, académicos e institucionales para la región.

La jornada terminó lejos de los atriles, con una cena de Rubio y Jeanette junto a De la Espriella, Ana Lucía Pineda y su familia.

La escena resumió una visita en la que los intereses de Estado convivieron con una relación personal poco habitual al comienzo de una administración.

Esa cercanía, por supuesto, no garantiza beneficios. Las relaciones internacionales se sostienen en intereses, instituciones y resultados.

Para Colombia, la nueva sintonía con Washington tendrá valor si aporta a mayor seguridad, inversión, empleo, comercio, tecnología y oportunidades para las regiones.

Hay, además, una lectura de futuro. Rubio es hoy una de las figuras más influyentes del gobierno de Donald Trump y su nombre aparece entre quienes podrían disputar, en los próximos años, el liderazgo republicano y eventualmente, la Presidencia de Estados Unidos.

No es una certeza ni puede anticiparse ese desenlace, pero sí añade perspectiva a la relación que Colombia empieza a construir con él.

Por eso, su paso por Barranquilla dejó algo más que anécdotas.

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