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#TBT: «El Comando»

Desde siempre escuché a mi mamá, «ser reiterativa» en que «no debemos apegarnos a las cosas materiales» y que en la vida hay temas más importantes y trascendentales que aquellos bienes u objetos que adquirimos o sobre los cuales ejercemos el «uso, goce y disposición»…

Sin embargo, de manera breve, me referiré a un «elemento» cuya presencia trascendió más allá de lo material y dada una serie de circunstancias, se convirtió en un ícono en la familia: «El Comando».

«El mundo era tan reciente que para nombrar las cosas, bastaba con que señalaras con el dedo; A las polvorientas calles de Montería, llegó luego de toda una travesía ese vehículo lleno de anécdotas e historias, que había ya en Bogotá, establecido un antes y un después».

No cabe duda que tener un carro era sinónimo de «estatus»… Pero también entonces como ahora, significaba «facilitar la vida» siendo un instrumento de «ubicuidad».

Se trataba de un Jeep, modelo 1969, de «línea COMANDO»… Usual era que en los «retenes» de policía, preguntaran por qué no era «Jeep Willys», o si era «Comando Español» o «Comando Mexicano»… Aún hoy me pregunto ¿qué relevancia tienen dichos interrogantes frente al Código Nacional de Tránsito?

Ese vehículo permitió a mi mamá ser docente «en simultánea» en 3 colegios, 3 jornadas… En Montería y Cereté… Donde se hizo célebre y popular… Lo identificaban a la distancia y se convirtió en un ser irremplazable, aún hoy cuando han pasado varios lustros y ha tenido varios sucesores… Pero, ¡INIGUALABLE!

Ahí aprendió a manejar mi papá, mis tíos y hasta yo… En él se aprendía de mecánica, de temperatura, de clima. Tuvo varios conductores y con cada uno de ellos estableció lazos de amistad y «colegaje» inimaginables.

Tenía vida propia. Fue saludado por cantantes, maltratado por uno que otro estudiante, conoció lo más recóndito de la geografía local, era casa, hotel y oficina… Era «El comando» un amigo fiel de la familia.

En la foto, tendría tal vez yo unos 5 años… Carrera 12 entre 26 y 27. Casa de la tía @Dalila. En ella mi tío Manuel Emigdio Doria Ferrer y Robinson Ospino, de quien desconozco su paradero hoy, pero que fue en su momento, conductor, compañero  y amigo de la familia.

La última noticia que tuve, señalaba que «El Comando» anda por Cartagena. En su motor «combinado», alberga injertos y marcas que lo hacen único y original. Descapotado y deportivo, seguramente acompaña a sus ahora propietarios, movilizando y construyendo sueños y utopías.

Columnista: Jairo Aníbal Doria, abogado y comunicador social.

Jairo Aníbal Doria