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Opinión

Defender nuestra alma mater

Por: Mauricio Burgos Altamiranda*

Soy hijo de la universidad pública y de la educación pública en general. Me formé en un colegio agropecuario en Santa Cruz de Lorica, el ITA, y en la misma tierra estudié la Licenciatura en Español y Literatura, en una sede de la Universidad de Córdoba.

La maestría fue en Bogotá, becado, en el Instituto Caro y Cuervo. Y el segundo doctorado, también becado, ha sido en la Universidad Tecnológica de Pereira. Es decir, soy fruto vivo de la educación pública y fe certera de la movilidad social.

En 2008 inicié labores como docente de horas cátedras en la Universidad de Córdoba, Colombia. Y diez años después, fui nombrado docente de carrera en la misma institución luego de ganar el concurso de méritos, durante la convocatoria pública 2016.

Esta última fue uno de los mayores hitos académicos en la historia de Unicórdoba, puesto que se nombraron por concurso un total de 68 docentes.

El Concurso fue una ruptura administrativa, y un antes y después en la historia laboral de Unicor, pues la rectoría, en su plan estratégico proyectado para alcanzar la Acreditación de Alta Calidad, dispuso de nombramientos para todos los programas de pregrado, en promedio entre una y hasta tres plazas.

Además, el Concurso contó con evaluadores nacionales que gozaban de una trayectoria intachable como pares académicos; todos dispuestos a seleccionar el recurso humano más valioso para seguir engrandeciendo los indicadores de la Universidad de Córdoba.

Y se logró. Varios de estos docentes hoy son líderes en docencia, investigación y extensión en cada uno de sus programas académicos.

Esta vinculación masiva de docentes, la apuesta sólida por la investigación con el nacimiento de una vicerrectoría exclusiva para esa función, el aumento de la cobertura educativa, la transformación en infraestructura, el bienestar estudiantil y docente, los destacados lugares alcanzados en los ranking nacionales e internacionales en la última década y, sobre todo, la autonomía de un gobierno universitario que piensa en el crecimiento con calidad de la Institución, hace de la alma mater un tesoro invaluable y al mismo tiempo codiciado.

Por eso, no es extraño ver —en estos días— a varios ominosos políticos opinando sobre la elección del representante de los egresados ante el Consejo Superior universitario.

Políticos que no conocen los procesos institucionales, que no les importa el bien más preciado que tienen los cordobeses, pero que “pescan en río revuelto” para intentar ganarse un espacio burocrático y de poder.

Protervos políticos que cuestionan, incluso, los excelentes indicadores que hoy tiene la Universidad de Córdoba y que intentan construir una matriz de opinión adversa que desvíe la atención sobre la esencia institucional: la calidad, cobertura y destacada gobernanza de la educación superior en el Departamento de Córdoba.

En los días aciagos que vivimos, no podemos —los egresados de la alma mater— silenciarnos ante la injerencia externa: ya sabemos el costo de ella.

Por el contrario, debemos dedicar todas nuestras energías y acciones para que la autonomía institucional y la buena gobernanza se mantenga al margen de la politiquería.

Quienes intentan aspirar a nombre de los clanes políticos tradicionales, que sumieron a la Universidad en el pasado en la más calamitosa crisis, les decimos: no pasarán; el pensamiento crítico que ha forjado la Universidad de Córdoba en los egresados permite discernir entre el bien y el mal. Y ustedes lo representan. 

*Egresado Lic. en Español y Literatura
Docente de carrera

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