“Triqui triqui, Halloween”, ¿de dónde salió?

La expresión que generaciones de niños colombianos repiten cada 31 de octubre tiene sus raíces en una tradición que atravesó siglos, creencias y fronteras antes de adquirir su particular acento nacional.
Por: Jairo Aníbal Doria
Cada año, cuando llega la última noche de octubre, brujas, fantasmas, princesas y superhéroes se toman las calles. Entre disfraces y golosinas resuena una expresión que varias generaciones de colombianos aprendieron sin preguntarse por su origen: “Triqui triqui, Halloween, quiero dulces para mí”.

Detrás de la popular canción infantil existe una historia que se remonta a antiguas celebraciones europeas y que, con el paso de los siglos, ha experimentado profundas transformaciones.
Los antecedentes de Halloween suelen asociarse con Samhain, una festividad celta que marcaba el final de las cosechas y la llegada del invierno.
Según las creencias de aquellos pueblos, durante esa transición se hacía más tenue la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Las hogueras, los rituales y determinadas formas de caracterización expresaban su relación con la naturaleza, la espiritualidad y lo desconocido.
Con el transcurso del tiempo, distintas costumbres europeas se vincularon con las celebraciones cristianas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.
De la expresión inglesa All Hallows’ Eve, que significa víspera de Todos los Santos, derivó el nombre Halloween.
La tradición de recorrer las casas en busca de obsequios también tiene antecedentes europeos.

En algunas regiones se pedían alimentos a cambio de oraciones por los difuntos; en otras, personas disfrazadas interpretaban canciones o versos para recibir pequeñas recompensas.
Estas prácticas contribuyeron, mediante un proceso de transformación cultural, al surgimiento del popular trick or treat, expresión que puede traducirse como “dulce o travesura” y cuya fórmula actual aparece documentada en Canadá desde 1927.
En Colombia, la expresión adquirió una sonoridad propia. El inglés trick or treat se transformó popularmente en “triqui triqui”, una adaptación fonética que terminó incorporándose a las canciones infantiles.
El investigador Carlos Miñana Blasco, en un estudio publicado por la Universidad Nacional de Colombia, documentó cómo Halloween ganó arraigo popular en Bogotá hacia finales de la década de 1970.
La expansión del comercio, la industria de los disfraces y la venta de golosinas contribuyó a configurar la celebración contemporánea.
Sin embargo, su permanencia no responde exclusivamente a intereses comerciales. Halloween también encontró espacio en los colegios, las reuniones familiares y las tradiciones barriales, hasta convertirse en una fecha especialmente esperada por los niños.

Aunque sus antecedentes históricos y religiosos suscitan interpretaciones diversas, en Colombia la celebración ha adquirido un carácter predominantemente recreativo, con manifestaciones que reflejan las particularidades culturales del país.
Así, el conocido “triqui triqui” no proviene directamente de los antiguos rituales celtas ni constituye una traducción literal del inglés. Es una adaptación popular que los colombianos incorporaron a su propio lenguaje festivo y que terminó transmitiéndose de una generación a otra.
En Colombia y otros países, la rima popular dice:
«Triqui, triqui, Halloween, quiero dulces para mí, y si no me das…»
Y según la versión que cante cada niño, la amenaza cambia:
- «…se te tuerce la nariz»
- «…se te crece la nariz»
- «…te arranco la nariz»
- «…rompo un vidrio y salgo a mil»



