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Límites parentales: Convivencia y relaciones sanas

Si es bien sabido, desde casa se forjan normas, comportamientos y conductas básicas dentro de nuestro desempeño social, es también a través de ello, en nuestro proceso de formación, aprendizaje y crecimiento que desde nuestra primera infancia empezamos a identificar que existen ciertas restricciones en cuanto a la realización de algunas actividades, siendo para ello nuestros padres el eje principal de nuestra formación social y emocional.

Establecer límites y restricciones en cuanto a comportamientos, y la toma de decisiones es lo que estructura nuestro papel de primeros formadores en nuestros hijos, orientando e indicando, a través del ejemplo, las experiencias y el tiempo, la forma correcta de hacer las cosas, ya que sería ilógico pensar en un chico que siempre hiciera lo que considerara correcto, sin percatarse de riesgos que podría correr. Como por ejemplo, el querer consumir detergente, tomar agua del sanitario y salir a dar un paseo sin acompañamiento ni supervisión. ¡Suena ilógico verdad?

Dentro de nuestro rol de padres y formadores, es nuestro deber y responsabilidad para con nuestros hijos el orientar, como lo señala Geraldine Oliveros– son sus primeros agentes de socialización.

«De este modo, las normas comienzan a aprenderse en la primera infancia, cuando los pequeños se hacen conscientes de que hay cosas que pueden hacer y otras que no les son permitidas», afirma la psicóloga. Desde luego, dicho proceso de entendimiento y  respuesta a las normas ira encaminado de acuerdo a la edad del pequeño, su capacidad de entender situaciones y discriminar emociones.

Siendo así, que orientando nuestra receta en la preparación de un buen ser humano, empático, humanizado, independiente, con valores, principios éticos y funcionales para la sociedad; el equilibrio parece ser la mejor fórmula.

No ‘rayar’ en la permisividad dejando a su libre consentir y albedrio la toma de decisiones sin ningún tipo de orientación, ya que esto conlleva al egocentrismo e incapacidad de poner límites a su propio actuar.

En la niñez, este tipo de escenario los hace sentir desprotegidos, inseguros y sin una correcta autoestima. En el otro extremo, ser demasiados autoritarios, transmite un estado en el que no se permite crecer y tomar sus decisiones por sí solo.

Muy de la mano con ello, encontramos estrategias como la  ‘crianza respetuosa’, siendo esta una filosofía centrada mucho más a procesos dedicados y mediados netamente a disminuir al máximo el estrés y la culpa al querer hacer cumplir normas y reglas desde nuestro hogar. Pero ojo, que el disminuir estrés no nos haga disminuir nuestra autoridad, la posición de formador esencial que se cumple en el hogar y de guía y ejemplo al momento de orientar a los niños de ahora en la construcción de una comunidad y sociedad del mañana.

El saber que el otro tiene los mismos derechos, valores y emociones que yo nos hace ser empáticos, formar a nuestros hijos que harán del mundo un lugar más humanizado, una sociedad más consiente de las necesidades del otro, prevaleciendo, sobre todo, sentimientos de apoyo y buenas normas hacía con los que los rodean nos garantiza, de por sí, un éxito rotundo como padres en esta tarea.

Y es que por hoy es común que costumbres y normas de cortesía, que en otras épocas gracias al manual de urbanidad de Carreño, clases de ética y valores y sin lugar a duda los paseos de mano de la abuela por el barrio obligándonos a saludar y preguntar cómo estaban a todos los vecinos (y hasta a quienes no conocíamos), hacían de nuestra formación desde casa toda una escuela de vida.

Y si, en cuanto a mi apreciación personal es fundamental poner límites a nuestros niños y jóvenes, que desde muy temprana edad aprendan a identificar bajo el respeto (NO el miedo) que quien lidera y tiene la última palabra en el hogar son sus padres, que aunque quieran hacer las cosas y se sientan con la edad de poderlas realizar deben de solicitar consentimiento y apoyo.

Que cuando no se puede, pues NO, y enseñarles a sobrellevar frustraciones, que en la vida todo se construye, requiere esfuerzo y que aunque como padres amemos a nuestros hijos no todo se lo podemos ni debemos proporcionar.

Por: Mónica Montes, Terapeuta Ocupacional


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